Cuando al verso se le riega con lecturas y lenguaje
el verso crece vivo en el poeta.
Al verso se alimenta a diario, se le abona y se le mima
pues el día que eso descuides
decrece.
Al verso, como al niño, se le educa hasta convertirlo en poema.
No lo mal eduques,
ni lo malcríes con malos vicios,
no te jactes de sus palabras o su alcance.
No blasfemes
en su nombre.
El verso vive de ti
no por ti,
mas por ti muere.
El verso vivo mueve, transforma.
Pero, en poetas muertos
nada crece.