Ciego, hipoacústico y... Ironman

reyvaj(59)
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Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,
fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar
y sabiduría para entender la diferencia.

Reinhold Niebuhr

Martín Kremenchuzky padece de una enfermedad que lo dejó ciego y casi sordo. Pero eso no ha sido impedimento para realizarse en la vida.


Martín con su hijo Toto

El síndrome de Usher es una enfermedad genética que produce hipoacusia y pérdida gradual de la visión. Martín quedó definitivamente ciego a los 35 años de edad, hace 10 años. Sufrió entonces una profunda depresión, pero como quien toca fondo para tomar impulso, resurgió de aquel pozo depresivo con soberbia fortaleza vital.

Este ingeniero en sistemas, lejos de dejarse vencer por sus nuevas limitaciones, tuvo la serenidad y la sabiduría necesarias para asumirlas como aquella realidad que no puede modificarse y la fortaleza para salir a la conquista del nuevo mundo que se le presentaba delante.

Comenzó entonces a realizar múltiples actividades que hasta entonces no se había permitido, como estudiar teatro, bailar, catar vinos y perfumes, narrar historias. Pero fue en la actividad deportiva en donde parece haberse encontrado mejor consigo mismo, o al menos fue en donde su dedicación y empuje lo llevaron a conquistas y proezas dignos de admiración.

Comenzó corriendo maratones, andando en bicicleta, se animó también al remo, luego a la natación (medio en el que además de ciego se vuelve completamente sordo ya que debe quitarse los audífonos en el agua) y con el tiempo fue convirtiéndose en un atleta de elite. En el año 2015 se convirtió en el primer atleta argentino ciego en completar un Ironman, una de las pruebas atléticas más exigentes que existen, que consiste en cubrir en menos de 17 horas 3,86 km de natación, 180 km de ciclismo y 42,2 km de carrera a pie.

Martín lleva completados tres Ironman: Brasil 2015, Sudafrica 2017 y Nueva Zelanda 2018. Su propósito es lograr al menos dos más (en Asia y en Europa) para completarlo en cinco continentes diferentes.

"Lo esencial es invisible a los ojos".

La famosa frase de Saint Exupery se vuelve cristalina al escuchar a Martín hablar de sí mismo:

Cuando veía era una persona quejosa, que no disfrutaba de lo que hacía y no valoraba lo que tenía… Ahora, siendo ciego, soy mucho más feliz que antes. No es que prefiera ser ciego, pero la discapacidad me dio la posibilidad de vivenciar y aprender muchas cosas que me permiten valorar y disfrutar la vida de una manera diferente. ¡Ahora veo cosas que antes no podía ver!

El día de ayer se lo pudo ver a Martín en el programa "¿Quién quiere ser millonario?" de Argentina que emite Telefe. No participaba para sí mismo, sino para donar lo que ganara a la Fundación Fátima, cuya misión, como lo expresa su página web, es "brindar un espacio educativo terapéutico para las personas con sordoceguera, incluidas aquellas con limitaciones visuales/auditivas y necesidades múltiples adicionales, que tenga como base una patología sensorial, a fin de lograr su integración familiar y social mejorando su calidad de vida".

Y es que Martín además de su fortaleza personal tiene un gran espíritu solidario. Desde el momento en que se le hizo saber que su historia de vida y su persona misma significaban una inspiración para otros se ha ocupado en colaborar de distintas maneras con personas e instituciones dedicadas a ayudar a quienes tienen capacidades diferentes.

En razón de ello, se ha convertido también en un interesante conferencista. Sus charlas, focalizadas en su propia experiencia, llevan implícito un mensaje de superación que tiene muy buena llegada en diversos ámbitos, ya se trate de instituciones benéficas, colegios, templos o empresas.


Fuente: Blog martinkremer

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