Somos poemas sin leer,
perdidos entre hojas secas
sin verbo, ni tiempo
a la venia de un castigo.
Nos entregaron al dogma
del poder de monedas,
donde manos mueven
los rituales de la sociedad.
Teniendo todo fui leyenda,
Perdiéndolo, un punto suicida;
entre letras doradas me amaste
y al borrarse, se hizo fácil dejarme.
Por esta vez seré literal,
por esta deseo entiendas,
que vivir de vinos y mieles,
te entrega risas embriagadas,
sueños en marfil de seda
que acarician tu figura,
el asco de abrazarte contra
piel de surcos marcados
y una estaca que no podrá
verte en abriles florecer.
San Carlos, 20 de mayo de 2021