No fue deseo. Ni voluntad, ni curiosidad, ni nada de eso al comienzo. Fue un shock eléctrico que llego de sorpresa, de esos que te dejan con la piel de gallina, el corazón acelerado y los vellos erizados. Fue un gran sentimiento, complicado de explicar pero imposible de olvidar. No fue planeado ni premeditado. Sólo quería estar cerca cada segundo y cuidar, tomar todos los dolores y lágrimas como si fueran mías. La voluntad y el deseo vinieron después, bien después. No fue una oferta de cuerpo, fue una oferta de alma. No fueron los ojos, ni las sonrisas, ni la forma de caminar o de vestirse, fueron las palabras, fue tu grandiosa forma de pensar. Llego con una nostalgia y una urgencia de lo que nunca tuve, pero era como si ya hubiera tenido antes. Fue amor. Es amor.