El cerebro se detiene frente al mar, descansa a la vera del río, donde se juntan para la calma o la rabia.
Ese instante de silencio donde empezamos a trabajar desde dentro, pensamientos que aparecen, ocultos tras el ruido cotidiano.
Es aquí donde los sueños se mezclan con la realidad, donde no se distingue lo verdadero de lo utópico.
En medio de tanta avalancha emocional , se abre camino momentos de conspiración.
El azul del mar siempre nubla oscuros círculos críticos pero...
También se produce la apertura mental distorsionada y se empieza a ver con claridad.
El cuerpo se va preparando para la llegada.
Fotografía y texto de mi autoría.