En la catedral de los deseos, todos comulgan ostias de anhelos,
al pasar por por sus arcadas hacen de oficio, la señal del sacrificio,
y entre tantas, tantas plegarias al destino, casi siempre hay desatino.
En la catedral de los deseos, hay un poblado de fuegos,
de esos fuegos que no alumbran, lo que las sombras siempre ocultan.
En la catedral de los deseos, al umbral rara vez se deja a eros,
porque el diezmo en la urna de maderos paga por el amor que quizas, no tenemos.
En la catedral de los deseos, que hacemos?
En el estupor de la insatisfacción, nos llamamos a la acción?
En la dulce melodía de la esperanza de que algún día,
las plegarias al futuro por lo que desencadenaría,
entablamos una ofrenda? o quizás una prebenda?
Al sonar los campanarios, acudimos como canarios? dromedarios? o como lobos esteparios?
Y al salir como legión y empapados de la unción,
alteramos nuestros pasos para que se oiga nuestra oración?