En respuesta al recorrido que hizo mi hija @dcaroa sobre sus mascotas, yo comienzo a describir a mis pequeños.
Bandido llegó a casa para calmar la pena por la muerte de nuestro querido Fisgón que no despertó de una operación. Fisgón era un gatito cariñoso, intruso a rabiar, y dulce como pocos. Al morir, el mismo día en que nos invadía la pena, y nos prometíamos no volver a tener gatitos para no sufrir nuevamente, mi nieta partió en silencio, y llego a casa con una pequeña pelota de pelos colorina. Ese es Bandido, el que nos robó el corazón, nos alegró el alma y aligero la risa.
Bandido se cree ninja, aparece cuando menos lo esperas, no le gusta que lo tomen, y reclama caricias y mimos cuando a él se le ocurre, no cuando yo quiero o tengo tiempo, eso no cuenta para este bello gatito. Cuando me pongo a descansar sobre la cama, después de un día agotador, entre la oficina, la casa y otras actividades, Bandido se echa en silencio sobre mis piernas y exige caricias, es casi como que le tengo que agradecer que me tome en cuenta, y no se me puede ocurrir levantarme para ir al baño, hacer algo en la cocina o que alguien me llame, que se molesta y pasan días sin demostrarme su preferencia en la casa, y sin descansar sobre mis piernas.
Es así como se me ha quemado más de alguna comida, no he atendido a algún impertinente que llama desde la calle, y he guardado los libros cuando él está brindándome su valioso tiempo. es así de independiente, indiferente, tan gato, que tengo que reconocer que es mi amado amo, y yo soy su humana, totalmente a su disposición, ya que le alimento, me preocupo de él y acepto sus condiciones de amor, porque sé que también me quiere, ¿o solo me necesita?
Ilustración creada por @victorcaro, para este escrito.