Ya a los 40 años, el cuerpo deja de encubrirte. Edad en la que para algunos con síndrome de Peter Pan, culmina la adolescencia. Los trasnochos, las fiestas, el alcohol, el cigarrillo, la rabia contenida, el llanto ahogado, comienzan a enviarte sus facturas. Las chucherías que guardabas en la gaveta, te reciben con una molesta barriga, que si sigues escondiendo esos dulces, la imprudente barriga, se convertirá en tu más fiel compañera.
A los 40, comienzas a reevaluar tus relaciones y llega el momento de abandonar dos vicios peligrosos y muy adictivos: el dulce y el chisme. Ya no estás en bachillerato, ya no importa quién dijo qué, ni quién le fue infiel a quién, ni mucho menos saber que a Ana le gusta Cecilia y no un chico. Bah! Pamplinas!
Tienes nueva filosofía de vida; te divorcias de la gente negativa y de Mac Donalds. Llegan dolores de espalda y mañas nuevas.
Comienzas a ver esas películas que antes no te gustaban; los libros que durante años han llevado polvo en la biblioteca, se abren para ti, dándote algunas respuestas que estabas buscando. La belleza sigue ahí, solo que antes la veías de una manera diferente.
Superas viejos temores, pero llegan de sopetón otros nuevos. Los miedos que no se fueron, se quedan apoyando a los nuevos. Como respirar es lo primero y lo último que hacemos en la vida, aprendes a respirar dentro del tornado. Nos damos cuenta que después de la tormenta, no siempre llega la calma, sino otro palo de agua más fuerte, dejando goteras en el alma. Pero como siempre, todo fluye, todo pasa y entiendes que así como lo bueno no dura para siempre, lo malo tampoco.
Asuntos que fueron evadidos, se comienzan a reaparecer en fila. Hay que afrontarlos.
También aprendes a renunciar, a marcharte cuando sientes que estás sobrando. Abandonas la "zona de confort" en tu trabajo; ese empleo que durante años te brindó cierta comodidad, pero te dejó el cerebro enyesado. Entonces comienzas a liberarte de todos esos lastres. Es como los cohetes, para que puedan llegar al espacio, van soltando partes. Y mientras más vas soltando, más libre te sientes. Es mejor continuar el recorrido con un equipaje ligero.
A los 40, las nalgas bajan un escalón, por eso hay que hacer sentadillas o cualquier otro ejercicio para quitar la flacidez. A esta edad, sientes como un cumplido que te pidan la cédula.
De pronto pasas a ser el papá de tus padres; te corresponde regañarlos si se portan mal, cuidar su alimentación y velar porque estén sanos, contentos y amados.
Sientes deseos de escribirle a tus excompañeros de la Universidad, los de Bachillerato y los de los trabajos anteriores. Los que te conocen con ropa bonita y los que te han visto en pijamas, shorts y cholas, porque todos ellos tienen un pedazo de tu historia, cada uno ha formado parte de alguna alegría, alguna rabia, algún amor inconcluso. Todos ellos han contribuido de alguna manera, a forjar el ser humano que eres ahora.
A los 40, tienes toda una vida por delante. Claro que no como para ser Miss Venezuela, ni tampoco para jugar en el Mundial de Fútbol, pero a esta edad hay vivencias bastante interesantes.
A esta edad, aprendes a manejar el rechazo, a que te cuelguen la llamada, a que te digan que no. Llega el momento de limar asperezas, hacer las paces con esos amigos con los que tuvimos roces tontos y que por esas tonterías, dejamos de hablarnos. Es el momento de estar en paz contigo mismo.
Conversamos con nuestros familiares sobre los temas que han quedado pendientes sin resolver, tratamos de saldar esas deudas que por años han estado en nuestro corazón.
Finalmente entiendes que la soltería no es una bomba de tiempo que hay que desactivar antes de los cuarenta años. ¡Tranquilo! No hay peor sentencia que un mal matrimonio. Créeme que lo sé por experiencia propia. Aprendes a disfrutar tu soledad, a quedarte un viernes por la noche en casa, porque te resulta más atractivo ver una película en Netflix o leer un buen libro, que salir a hacer las mismas cosas, con las mismas personas. Lo que antes te parecía deliciosamente atractivo, ahora te resulta aburrido.
Y aunque a veces vuelvan a lanzarte una piedra en el alma, ya sabes cómo atajarla, sin que eso afecte tu autoestima.
Gracias por leerme 🥰
Todas las imágenes son libres de regalías,
editadas con Gimp.