Imaginemos un reino antiguo, de esos donde caballeros y doncellas llegaban a bailes invitados por el Rey y la Reina. Imaginemos también que esos reyes tienen hijos, pero hay uno, el primogénito, que algún día también será rey y ya se le ha estado preparando para eso, pero aunque haya mucha preparación hay una cosa para lo que nunca se está listo, para la muerte.
Heredar un reino en épocas pasadas traía una consecuencia instantánea, que esa persona de quien recibes el legado habia muerto. Mucho se habla del legado que dejan los padres a los hijos, estos pueden ser materiales o en valores, creencias o sencillamente nada. Lo cierto es que algo por lo general se deja en la vida de los otros al irnos de este mundo.
Estos últimos 6 meses como familia hemos perdido 4 personas muy amadas, entre ellas una tía que adoraba y mi papá, también dos tíos muy queridos. Afrontar las pérdidas una tan seguida de otra siento que aún nos tiene en shock como tribu familiar, pero vamos asumiendo poco a poco cada uno a su manera.
Por la razón anterior, mi prima, hija de mi tía y más que mi tía, mi Nany y maestra de preescolar, persona que de alguna manera trató de mantener un trato maternal conmigo desde que perdí a mi mamá a temprana edad. Su hija, mi prima, como les contaba, me llevó al cuarto de mi tía y además de sentir muchas cosas por el vacío de la ausencia, me ofreció escoger algunos zapatos y prendas que le pertenecían.
Para que entiendan el sentimiento, primero debo contarles que desde que mi papá enfermó y se puso más delicado, más o menos los últimos dos años, esta servidora tenía en su haber un sólo par de zapatos y unas chancletas para estar en casa, solo eso y ese extremo minimalismo no era por gusto sino porque la economía no permitía comprar otro, un día se dañaron y los mandé a coser y así seguí usándolos. Tenía ya un año deseando tener un nuevo par de zapatos. Es entonces cuando esta semana entro al cuarto de mi tía y allí estaban varios pares de zapatos, incluso unos exactos a los que quería. Y fue inevitable llorar un poco, porque si, alli la vida diciendo "aquí tienes" acabas de heredar esto de tu tia, pero a qué costo. Preferiría mil veces tener mi único par de zapatos y seguir ahorrando para comprar los que quería, pero tenerla a ella allí con vida, riendo, bailando, conversando, mostrándome las últimas manualidades que había hecho o dándome seguramente algún objeto, libretita o zarcillos de mariposa o aguacates que compró porque sabía que me gustaban. Entonces agarré los zapatos, agradecí a mi prima, quién me dijo que luego revisariamos la ropa, pero en mí había tristeza y no alegría, porque está herencia o legado representa la ausencia de la persona amada y duele.
También está el otro punto de vista, agradecer, sentir que parte de algo que le perteneció tiene su esencia y ahora lo uso, así que una partecita de ella anda conmigo. Pero pasa, como a los herederos de los reinos, que para ser reyes deben haber muerto sus padres, así que, el peso del legado muchas veces es la muerte y el dolor.
Con mi papá, sucede algo distinto, fue un hombre desprendido al punto que su único equipaje fue una caja con poca ropa, una cartera vieja y dentro solo había una foto de uno de mis hijos, una moneda y 5 bolívares que ya no pertenecen al cono monetario actual de mi país. Mi hermana y yo bromeamos diciendo que la mitad era de ella y la mitad mia. Pero realmente su legado fue otro, más intangible, de valores, de actitud, de ver a alguien levantarse cada día con la esperanza de la vida, mientras yo pasaba por un cuadro depresivo severo donde cada día pensaba como quitarme la mía. Y cuando se fue, dormido, tranquilo. Pensé "No dejaste nada material" pero dejaste la enseñanza de que quién te ama siempre buscará la forma de encontrarte, que quién ama la vida a veces no necesita un propósito, solo disfrutarla y vivir el presente, la conversación con el nuevo amigo que hiciste en un kiosko, comerte un caramelo, la emoción de fumarte un cigarro a escondidas porque sabías que era una travesura, vivir porque la vida está allí para vivirla y hasta el último momento disfrutar de esos pequeños detalles que se dan y que no tomamos en cuenta. Pero igual, el click, la enseñanza llega cuando te das cuenta que ese ser ya no está en ese cuerpo, cuando tocas sus manos frías y su cuerpo empieza a endurecer y sabes que ya no lo verás hablar o sonreír más. Y qué importa si no hubo una herencia más allá de una caja de ropa, una moneda recogida de la calle y un billete antiguo. Algo de ti siente que ese legado pesa porque lo trae la muerte, esa señora indomable que decide cuándo ya es suficiente que sigamos disfrutando o no de esto llamado vida.
Se ven tantos casos de peleas en familia tras la muerte de alguien que ha dejado bienes, me pregunto si ellos sentirán ese peso del legado que les han dejado, que eso ahora les pertenece porque alguien dejó de existir, alguien a quien amaban, aunque a veces se da que no lo amaran.
Ésta reflexión es de las muchas que van llegando ahora que ya soy huérfana completa, ya no hay madre ni padre, incluso no hay esa tía que te trataba maternalmemte y se alegraba de tu visita y ofrecía unas arepitas con caraota y suero, no importa si le decías que habías comido, negarse era un sacrilegio, y ahora siento que su casa es tan distinta sin ella.
Y aquí estoy, con varios pares de zapatos, una moneda y un billete viejo. Sintiendo que el intercambio fue injusto, tal vez que no merezco tenerlos por el precio que han costado.
Abrazo gigante.
Se les quiere .
Zully🥰
Imágen propia