Hi, Gems Community. How are you all? I don’t know what time you’re reading this. If it’s with your first coffee or if it’s at night, with the house quiet and a lamp on; in that second case, we’re on the same wavelength, because it’s common for people who, like me, have a night-owl personality.
For friends who don’t know me, I’m a psychiatrist. I also tend to wander the paths of literary creation, and, as a boy, I was a chess player. I played official tournaments and represented Santiago de Cuba in the National School Games.
Today I’m still a chess enthusiast, though I no longer compete. Three different paths, but I’ve fitted all three into my lifestyle, in which I usually stay awake when everyone else is asleep. My head, truth be told, wakes up when the sun goes down.
I’ve always been like this. Since fifth grade, more or less. My homework came out better after it got dark. It’s not that I couldn’t during the day, but at night it’s always worked better for me. The silence, the quiet house, the dim light… I don’t know, it all helped. Chess was the same: studying openings, watching games, memorizing variations. I did that in the early hours, when no one interrupted me. Nights have always been my optimal time.
Now, what’s this owl and lark thing? They’re names for chronotypes, and chronotype, as many surely know, is the biological tendency each person has to perform better at a certain time of day. It’s not a whim, I assure you. It comes with the internal clock that regulates sleep, temperature, hormones, appetite. People with a lark personality wake up ready, perform early, and by midnight they’re done. We owls wake up slowly, mornings weigh on us, but as evening falls we come alive.
For people with a night-owl personality, night gives us a special calm. There’s less noise, fewer people, fewer interruptions. That invites you to stay silent, to think, to write or study without anyone interrupting.
It was after I studied medicine and specialized in psychiatry that I could put a scientific name to what I was living in practice, and much more so after reading and digging into a study from the Feinberg School of Medicine at Northwestern University, in Chicago, where they followed more than 430,000 adults for about six years and found that we night owls are more likely to have diabetes, neurological and psychological disorders, and even a 10% higher risk of dying earlier than early birds. Obviously that made me think and even worried me, but not enough to cost me sleep or make me live in fear—just enough to make me more cautious.
Being cautious means that although I don’t fight my nature, I don’t leave it to its own “free will” either; I take care of my sleep, avoid heavy meals in the early hours, and exercise. Society is made for larks because school, work, almost everything starts early. We owls adapt with coffee, willpower, and naps.
To those who discover they’re night owls, I’d say: don’t blame yourselves, but don’t use this chronotype as an excuse not to do what’s most advisable and favorable for your health. To the larks who live with us: understand our chronotype.
I think everyone has their own rhythm. I learned to take the reins of mine. Night isn’t my enemy because it’s where I work best, though without excess. I think in a new post it would be good to revisit the topic. For now, I say goodbye with a warm greeting and look forward to your comments.
"Búho o alondra: cuando la noche es mi mejor hora"
Hola, comunidad Gems. ¿Cómo están todos? No sé a qué hora lean esto. Si es con el primer café o si es de noche, con la casa en silencio y una lámpara encendida; en ese segundo caso, estamos en la misma sintonía, porque es común en las personas que, como yo, tenemos una personalidad de búho nocturno.
Para los amigos que no me conocen, soy psiquiatra. También suelo andar por los caminos de la creación literaria y, de niño, fui ajedrecista. Jugué torneos oficiales y representé a Santiago de Cuba en los Juegos Escolares Nacionales.
Hoy sigo siendo un entusiasta del ajedrez, aunque ya no compito. Tres caminos distintos, pero he encajado los tres en mi estilo de vida, en el que suelo estar despierto cuando todos los demás duermen. Mi cabeza, la verdad sea dicha, despierta cuando el sol se pone.
Siempre he sido así. Desde quinto grado, más o menos. Mis tareas me salían mejor cuando oscurecía. No es que no pudiera durante el día, pero de noche siempre me ha funcionado mejor. El silencio, la casa tranquila, la luz tenue… No sé, todo ayudaba. Con el ajedrez era igual: estudiar aperturas, ver partidas, memorizar variantes. Lo hacía en la madrugada, cuando nadie me interrumpía. Las noches siempre han sido mi momento óptimo.
Ahora bien, ¿qué es eso de búho y alondra? Son nombres para los cronotipos, y el cronotipo, como muchos sabrán, es la tendencia biológica que tiene cada persona a rendir mejor a cierta hora del día. No es un capricho, les aseguro. Viene con el reloj interno que regula el sueño, la temperatura, las hormonas, el apetito. Las personas con personalidad de alondra se despiertan listas, rinden temprano y a medianoche ya terminaron. Nosotros, los búhos, despertamos despacio, las mañanas nos pesan, pero cuando cae la tarde cobramos vida.
Para las personas con personalidad de búho nocturno, la noche nos da una calma especial. Hay menos ruido, menos gente, menos interrupciones. Eso invita a quedarse en silencio, a pensar, a escribir o estudiar sin que nadie interrumpa.
Fue después de estudiar medicina y especializarme en psiquiatría que pude ponerle un nombre científico a lo que vivía en la práctica, y mucho más después de leer y ahondar en un estudio de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, en Chicago, donde siguieron a más de 430,000 adultos durante unos seis años y encontraron que nosotros, los búhos nocturnos, tenemos más probabilidades de tener diabetes, trastornos neurológicos y psicológicos, e incluso un 10 % más de riesgo de morir antes que las alondras madrugadoras. Obviamente eso me hizo pensar e incluso me preocupó, pero no lo suficiente como para quitarme el sueño o hacerme vivir con miedo; solo lo suficiente como para volverme más precavido.
Ser precavido significa que, aunque no lucho contra mi naturaleza, tampoco la dejo a su libre albedrío; cuido mi sueño, evito comidas pesadas en la madrugada y hago ejercicio. La sociedad está hecha para las alondras porque la escuela, el trabajo, casi todo empieza temprano. Nosotros, los búhos, nos adaptamos con café, fuerza de voluntad y siestas.
A quienes descubran que son búhos nocturnos, les diría: no se culpen, pero no usen este cronotipo como excusa para no hacer lo más aconsejable y favorable para su salud. A las alondras que viven con nosotros: comprendan nuestro cronotipo.
Creo que cada cual tiene su propio ritmo. Yo aprendí a tomar las riendas del mío. La noche no es mi enemiga porque es donde mejor trabajo, aunque sin excesos. Creo que en un nuevo post sería bueno retomar el tema. Por ahora, me despido con un cálido saludo y quedo atento a sus comentarios.