—Má… ya esta listo el atol —gritó desde la cocina el travieso niño.
—Te dije que no revises la olla, déjà las malas costumbres.
El muchacho se hizo el desentendido ante el mandato de su madre. Siguió probando el atol tratando de saciar su hambre, y al percibir que le faltaba azucár, quiso agregarla por su cuenta. Lamentablemente se equivocó al elegir el frasco adecuado y terminó añadiendo un gran puñado de sal al alimento…
Ninguno de los dos comió nada. El niño por las ganas de llorar y la tristeza que le provocó el reto. Ella por la culpa que le dió después de haber retado a su hijo verlo con lágrimas en los ojos correr a esconderse en su cuarto como había hecho ya tantas veces.
-Qué le grite tanto también es una mala costumbre...
Cayó la noche. Cayeron lágrimas. Cayó la culpa.
El niño se despertó escuchando música que venía del living. Se quedó dormido llorando y ahora tenia los párpados paspados. Notó que la música que escuchaba era el tema musical de su show favorito de televisión, pero que ahora que lo pasaban a la hora de la cena ya no lo podía ver porque no estaba permitido en su casa mirar televisión mientras comían.
De un salto llegó a la puerta y en dos saltos más llegó al sillón donde estaba su madre sentada con un gran bowl en las manos.
-No tenía mucho más para preparar que palomitas de maíz, espero que no tengas tanta hambre
Le brotaron de nuevo lágrimas en los ojos pero se las limpió rápido para que no lo retaran por llorar.
-Vení. Hagamos esta una noche sin reglas. Cenemos en el sillón.
Cayeron lágrimas pero la culpa se fue volando
Está es mi participación semanal de "continúa la historia" de @freewritehouse