Uno, dos, tres.
Breves ráfagas
que marcan horas,
días, años.
Muros entre
la alegría y la tristeza.
Entre el desaliento
y la esperanza.
Uno detrás de otro?
O uno delante de todos?
Primero los siente el corazón.
El oído es la ventana
que se abre
luego de contar
los latidos.
Llegan y se van.
Son como los marineros,
como las olas,
como las mariposas.
Llegan y se van...
Y como la cuerda
que saltan los niños,
nos siguen marcando
el tiempo...
Uno, dos, tres...