Ya no quedan lágrimas que derramar,
como tierra árida tú me has dejado;
como un desierto seco y solitario,
me he quedado sin amor para dar.
No puedo virar hacia ti la mirada.
Me has dejado sola, ciega y vacía;
destilando agonía, pena y dolor,
de gran tristeza mi vida colmada.
Me has dejado sin mares y sin ríos,
estéril y sin las lluvias de invierno.
un voraz incendio mi cuerpo disipa,
un cuerpo gastado, hueco y afligido...