Finalmente lo había logrado, después de meses de intentarlo sin resultados; y lo que estaba frente a sus ojos la dejaba casi sin aliento, aunque no estaba segura si esa sensación era producida por la fatiga o por la emoción del momento…
Se limpió las manos manchadas con su pantalón, y se quedó allí inmóvil sin poder creer lo que observaba. Día tras día se había sentado por horas a imaginar qué hacer y cómo; con frecuencia le venían a la mente las palabras de su viejo maestro:
“Si la inspiración no llega a ti, debes salir a buscarla”.
Foto de Romina Farías en Unsplash
Acabando siempre frustrada, sin una respuesta o señal que las satisficiera; hasta aquella tarde…
Atormentada por la espera y sin pensarlo, como poseída, comenzó a desahogar toda su frustración y despecho dando fuertes golpes con la mano abierta, disminuyendo poco a poco la intensidad con pequeños toques y sutiles caricias con la punta de sus dedos húmedos.
Necesitaba liberarse de una vez por todas de esa angustia que no la dejaba avanzar y así lo hizo; por instinto, con desesperación... Cuando volvió en sí; recuperando su estado habitual, se encontró frente a lo que de inmediato reconoció como su gran obra.
Allí estaba su “YO VERDADERO” mirándole cara a cara desde aquel inmenso lienzo reposando sobre el caballete. Era ella, no cabía duda; aunque no se pareciera en nada a la imagen que a diario veía reflejada en el espejo; era ella sin máscaras ni filtros, como se sentía y veía a si misma desde sus adentros.
Envanecida por su logro y creyéndose nuevamente una artista; lanzó una última mirada a su obra. Volteándose, salió lentamente de aquella habitación sintiéndose liberada, ligera y realizada mientras repetía a media voz:
”La inspiración esta en mi”…
"Para mí no son retratos, son rostros, que es distinto. Son espejos porque nadie conoce su rostro, necesita un espejo para verlo." Pascual Berniz
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