Hablas de un siglo interminable
cuando aún la brisa arde en la tarde.
Hablas de un soñador errante, un peregrino
y al mirar atrás descubres algunas huellas que dejaste.
Recuerdas la letra de una balada
esa balada que iluminó tus ojos y toco tu alma.
Guardas religiosamente y en el mismo lugar
esas fotos eternas, bella cronología que amas.
Cuando la tarde languidece y el sol dice adiós
viajas entre el dulce café y tus bellas cartas de amor
rememoras cada instante, cada paseo, cada arrebato de pasión
hay amores que se quedan grabados en el corazón.
Si tus suspiros viajan, en el cielo está su estela
abrazando sin reproche el borde de una estrella
elogiando las bondades que la memoria conserva
guardando celosamente aquel dedicado poema.
Hablas de un siglo prodigioso
cual soldado utópico, fuerte, justo y bondadoso
el sentimiento que enarbolas no es simple o caprichoso
se forjó en el bien y en la fe de un corazón grandioso.
Orlando Gonzalez.-
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