Hoy celebramos el Día de las madres, avanzando en el mágico mes de mayo. Mayo, mes de mangos y cerezas. Mes de lluvias y truenos. Mes de la fertilidad y la abundancia en el cual la vida se viste de múltiples colores y deja escuchar sus silbidos entre las ramas floridas de la primavera.
En esta publicación les compartiré una experiencia dichosa y gratificante que acabamos de disfrutar en casa. Tomando todas las precauciones necesarias, para no molestar ni interferir en el proceso, hice las fotografías que ahora les muestro para compartir juntos el milagro de la vida.
Feliz día, mamá Potoca
Unas semanas atrás nos percatamos del canto de una potoca o tortolita (como la conocemos en Venezuela), que alegraba el ambiente del patio con su arrullador tuuu-tuu-tuuu y que cada cada vez que nos acercábamos a la mata de limón que hay en el huerto de la casa ella alzaba rauda su vuelo.
Motivado por la curiosidad un día me acerqué a curucutear y me maravillé al percatarme que la avecilla había construido un hermoso nido en el limonero.
Al pasar algunos días vimos a la palomita de la virgen* ─nombre con el que también se le conoce─, mover su colita entre las ramas por largo tiempo y llegamos a la conclusión de que ya había puesto y estaba empollando sus huevos.
Cada mañana lo primero que hacíamos en casa, mi esposa y yo, era acercarnos a fisgonear emocionados, pero con mucho cuidado, a este acogedor hogar donde mamá Potoca calentaba a sus crías en una cunita del tamaño de una palma de la mano humana protegida por las ramas del limonero.
Era una bendición escuchar a esta pajarita que de vez en cuando bajaba de la mata y caminaba entre la grama buscando algo que picotear. Un desprevenido insecto tal vez, o un grano del ajonjolí que está sembrado en el huerto, o para escarbar la tierra y llevarse un gusano en su piquito.
En una ocasión que mamá Potoca voló del nido, me subí a una escalera y pude ver con complacencia que ya uno de los dos huevos había eclosionado y un potoquito tomaba una siesta esperando a que naciera su querido hermano.
Este no tardó mucho y pocas horas después ya tenía sus ojitos abiertos, observando la luz de este nuevo mundo prodigioso que mayo siempre nos regala.
Mi esposa saltaba de contenta cada vez que le mostraba estas fotografías. A la hora de desayunar ella se sentaba en la mesa de frente a la mata de limón para observar los movimientos de los pequeños plumíferos y me hablaba como una abuela orgullosa de las características de estas graciosas aves mientras escuchábamos sus tuuu-tuu-tuuu, el canto de la vida.
*: También se le conoce como urpilita, urquía, ulpishita,
tortolita cuyana o congita,
en distintas zonas de América del Sur de donde es nativa.
Su nombre científico es Columbina picui.
Las fotografías son de mi pertenencia.
Tomadas con mi teléfono móvil Samsung GT-18160P.