Much has been written about the metaphor of success and the iceberg. I think it must be one of the best known worldwide. People around the world conclude that the visible tip is success, and the submerged part, the hidden part, is hard work. But what if we change the focus a little? Let's look at it this time not just as a large static mass, but as something that evolves slowly. Each phase of success accumulates as thin layers. Every day, almost imperceptibly, snow accumulates and shapes the iceberg. Then the analogy deepens and takes on a more philosophical character. Hundreds of years, where constancy and antiquity lie, is where its true strength resides.
Each inner layer, forged under immense pressure, represents a phase of life and personal construction. There are layers of joy that serve to solidify purpose and create the framework. Meanwhile, frustrations and longings are those dark betas that can be seen. It is these combinations of ice of different colors and different emotions that shape character.
On the surface, you see recent ice, pearl white in color, but in the depths, the dense blue is success colored by time. Each experience adds a little more blue.
Momentary success is like the frost left behind after a snowfall, just on the surface; but resilience introduces us to depth. This is created by endless cycles of trial and error. Without that historical foundation of effort and emotion, the tip, because it stands out and is shiny, crumbles at the first storm. Therefore, the iceberg of success not only floats around, teaching us a lesson in proportion, but also a lesson in persistence. Its solidity is not in what is seen on the surface but in the history that shapes it.
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Mucho se ha escrito sobre la metáfora del éxito y el iceberg. Creo que a nivel mundial debe ser una de la más conocida. Las personas en el mundo concluyen que la punta visible es el éxito, y la parte sumergida, lo oculto es el trabajo duro. Pero qué tal si cambiamos un poco el enfoque. Observemos esta vez no sólo como una gran masa estática; sino como algo que evoluciona lentamente. Cada fase del éxito se acumula como finas capas. Cada día casi de manera imperceptible se va acumulando nieve que da forma al iceberg. Entonces la analogía se profundiza y adquiere un carácter de mayor filosofía. Cientos de años, donde la constancia y la antigüedad es donde reside su verdadera fortaleza.
Cada capa interna forjada bajo una inmensa presión, representan una fase de la vida y de la construcción personal. Están las capas de alegría que sirven para la solidificación del propósito y sirven para crear el armazón. Mientras que las frustraciones y las añoranzas son esas betas oscuras que se dejan ver. Son esas combinaciones de hielo de diferentes colores y de diferentes emocionalidades lo que configuran el carácter.
En la superficie se ve es hielo reciente, color blanco perla, pero en las profundidades el azul denso es el éxito coloreado por el tiempo. Cada experiencia añade un poco más de azul.
El éxito momentáneo es la escarcha que deja una nevada, eso de la punta; pero la resiliencia nos introduce a la densidad. La cual es creada por infinitos ciclos de aciertos y errores. Sin esa base histórica de esfuerzo y emoción la punta porque sobre sale y es brillante se desmorona ante la primera tormenta. Por lo tanto el Iceberg del éxito no solo anda por allí flotando, dándonos una lección de proporción si no que también una lección de persistencia. Su solidez no está en lo que se ve en la superficie sino en la historia que lo conforma.
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