El verdadero don que se le dio a la Humanidad fue la testarudez. De nada sirve ser brillante si no sé es testarudo. ¿De qué otra forma esas personas catalogadas como locas hubieran conseguido todo lo que lograron? Sintieron el deseo de seguir, a pesar de las palabras de terceros.
Así es como el ser humano ha podido crear cosas tan maravillosas y a la vez tan intangibles como, las leyes de las ciencias. Con estas, han logrado dar explicación a muchas de las cosas que antes no comprendían.
Pero la mente humana tiene un límite. Su comprensión de las cosas es extremadamente pequeña, pero no porque sean ignorantes, sino que, en este preciso momento de la evolución de su especie, no están en la capacidad de comprender lo que hay allá afuera…tampoco es seguro decir si algún día podrán hacerlo.
Sin embargo, la testarudez humana es algo que ni siquiera las Fuerzas Cósmicas pueden controlar. Tampoco deberían. Cuando un humano se encuentra con una pista, así sea una percepción, de aquello que es superior a su compresión, las repercusiones pueden ser desastrosas para esa persona.
Seguir el patrón de las estrellas es peligroso. El Profesor McGregor lo supo mejor que nadie. En 1957 dio una charla en la que habló de fuerzas superiores a todo lo que hemos conocidos. Seres de energía pura que no solo eran una representación de las leyes, más bien las leyes eran una representación de estas entidades.
Por supuesto, fue ridiculizado. Aquellos pocos que sintieron curiosidad por este tema, rápidamente lo olvidaron. La muerte del Profesor fue tan inesperada como extraña. En su despacho solo encontraron hojas de sus investigaciones, de una sola para ser más específicos. Todas sus anotaciones y grabaciones apuntaban a una simple palabra… Ror.
Ror…
Aquel que habita en la Tierra…
El Hijo de la Oscuridad…
El Señor de las Bestias…
Por mucho tiempo acompañó al Hombre en su historia, en las sombras. Pero aún no es el momento.