Anteriormente... Llanto.
Perseus se detuvo y gruñó hacia la copa de los árboles. El jinete paró en seco y Hazel lo imitó, la chica tenía un rifle en la mano que logró robar antes de correr. Ya se habían alejado lo suficiente, pero necesitaban más distancia.
–¡Ey! ¡No te preocupes! –el jinete se acercó al ic’lua.– Volveremos por Calíope, pero ¡ahora necesitamos un lugar seguro para pensar cómo hacerlo!
El animal parecía no escucharlo, continuaba gruñendo hacia el cielo.
–¿Qué le pasa? –gritó Hazel agitada. En este momento le hubiera gustado formular otra pregunta. Estaba demasiado confundida para pensar con claridad. Ahora necesitaba tomarse un momento y despejar su mente, las respuestas vendrían luego.– ¡Tenemos que movernos!
El joven lo miró y dejó que sus emociones se conectaran. Pudo sentir lo mismo que Perseus: peligro. Pero no de parte de Tiberino y sus hombres. El jinete no pudo evitar sentir algo de miedo, Jokko y Dorian estaban muertos, Calíope había sido arrebatada de ellos. Sabía de lo que Tiberino era capaz… Sin embargo, él ya no un niño, y sabía de lo que él era capaz.
–Algo viene. –le dijo a Hazel, sin estar seguro de qué. La expresión confusa de su amiga se intensificó.
–¿”Algo”, dices? ¿Cómo lo sabes?
No hubo tiempo para explicar. Un sonido agudo y desgarrador llegó a sus oídos. Para el jinete ese tipo de sonido solo podía producirlo un animal, uno tan grande como Perseus. Escucharon otro grito de la criatura, luego las copas de los árboles encima de ellos se agitaron, ramas se partieron y cayeron, abriendo paso a una enorme masa marrón que aterrizó en el suelo del bosque, haciendo un ligero estruendo.
Casi cayó sobre Hazel, pero la joven fue rápida y logró hacerse a un lado justo a tiempo, se vio en la necesidad de arrojar el rifle a un lado.
El jinete miró a la criatura con asombro.
Tenía el mismo tamaño de Perseus, pero su masa corporal era más voluptuosa. Su cuerpo era grande y musculoso, cubierto por una capa de pelo marrón. Su cabeza era triangular y grande, su cara chata, con una abultada frente. Los ojos eran amarillos y debajo de ellos, había una nariz aplastada, y en forma de hoja. Tenía una boca ancha y llena de dientes separados y afilados. Al igual que Perseus sus patas delanteras también eran sus alas, cubiertas por una membrana, las patas traseras eran mucho más pequeñas y cortas.
Tenía un aspecto voraz y una mirada hambrienta. Incluso a Perseus se le haría difícil pelear con algo así.
Eso fue lo menos que le preocupó al ic’lua cuando la bestia se abalanzó sobre Hazel, Perseus saltó sobre la criatura a una velocidad sorprendente, rasgando y mordiendo su gran lomo. La criatura gritó de ira y se sacudió violentamente para quitarse a Perseus de encima, pero este tenía ancladas las garras sobre su carne. La bestia extendió sus enormes alas y se elevó en el aire, estrellándose contra las grandes ramas de los árboles. La armadura de Perseus lo protegió del impacto.
Hazel se levantó, agarró el rifle y se ocultó detrás de un árbol, el jinete la siguió. Los gruñidos y gritos de los dos animales peleando hacían eco en el bosque. El joven se conectó con la mente de Perseus esperando que lo ayudará a pensar en algo, pero lo que recibió fue una señal de advertencia.
La bestia apareció al lado de ellos, pero el aviso del ic’lua le dio la oportunidad al jinete para reaccionar rápido, por lo que se movieron antes de que el zarpazo de la bestia los aplastará contra el árbol. Corrieron entre el frondoso bosque, esa era su única ventaja para hacer más lenta la arremetida de la bestia.
Hazel alzó el rifle, se dio media vuelta y disparó. Las balas impactaron en la criatura y esta se desvió, corriendo en diferente dirección. La bestia alzó vuelo y se perdió entre los árboles, dejando un enorme tragaluz. El jinete sintió a Perseus acercándose, un par de segundos después este apareció. Tenía algunos rasguños hechos por las ramas de los árboles, pero estaba bien.
–Hay que destrozarle las alas, tendremos más oportunidad si lo mantenemos en el suelo. –le indicó el jinete. Perseus el gruñó algo en respuesta.– ¿A qué te refieres con que va detrás de Hazel?
Miró a la joven, y observó detenidamente el líquido rojo con el que la bañó Tiberino. Recordó la enorme nariz de la bestia. El olor de la sangre es fuerte para los depredadores. Por encima de ellos pudo escuchar a la criatura gritar, sobrevolando por arriba de los árboles. Estudiando a su presa. El joven pensó en algo. No era lo más inteligente, ni siquiera estaba seguro de que funcionaría… Y por esa razón sería algo que nadie esperaría.
Tiberino quería traer caos sobre ellos, quizá era momento de llevar un poco de ese caos a él. Como hicieron en su granja.
Sus pensamientos se conectaron con los de Perseus. El ic’lua resopló y elevó la barbilla en señal de afirmación. Saltó al lomo de Perseus y extendió su mano a Hazel.
–¡Esa cosa está siendo atraída por la sangre que tienes encima! Tengo una idea para que a Tiberino le salga el tiro por la culata.
–Con tal matemos a ese bastardo, no me importa cuál sea el plan.
Con ambos montamos sobre ic’lua, este corrió siguiendo el olor de Tiberino.
Quizá sus alas estaban lastimadas y no podía volar, pero eso no le evitaba a Perseus moverse por el suelo del bosque a una velocidad increíble. El jinete y Hazel se agarraban con fuerza para no caerse. Detrás de ellos escuchaban a la bestia, persiguiéndolos. Perseus escaló una gran roca y se quedó inmóvil por unos segundos. La criatura aprovechó esa oportunidad para descender sobre ellos, pero Perseus era listo, saltó y continuó corriendo a gran velocidad.
Hazel miró hacia atrás y vio que la bestia ahora los seguía por tierra. Afortunadamente no era tan rápida como el ic’lua. Varias decenas de metros luego se toparon con Tiberino y sus hombres.
No tuvieron tiempo de reaccionar cuando Perseus entró en su campo de visión. El jinete desenfundó el revólver. Hazel alzó el rifle. Dispararon y los hombres se tiraron al suelo. Aprovecharon para bajarse del lomo del ic’lua y se cubrieron detrás de unos árboles. Los matones dispararon en dirección a ellos, por lo que no vieron a la gran bestia que se acercó desde atrás. Al toparse con los hombres, la criatura atrapó a uno entre sus fauces. Los demás dispararon a diestra y siniestra.
Desde su cobertura el jinete no podía ver a Tiberino, solo a hombres que estaban siendo matados uno a uno por una bestia ensangrentada que no parecía morir con balas. Divisó las dos naves que estaban a unos diez metros del caos. Si Tiberino estaba en algún lugar ahí sería, al igual de Calíope. Le hizo una señal a Hazel. Perseus leyó sus pensamientos y se movieron. No perdieron el tiempo con los hombres, fueron directo a las naves.
Justo cuando les faltaban unos pocos metros para llegar, las compuertas de una de ellas se abrieron, revelando a cuatro hombres más armados más. Hazel y el jinete se detuvieron en seco y corrieron buscando cobertura, a tiempo para evitar la lluvia de balas que se precipitó sobre ellos.
Desde sus coberturas dispararon mientras los hombres respondían con mayor fuerza y cantidad de balas, forzándolos a cubrirse. Los hombres comenzaron a avanzar, ganando terreno. Perseus los estaba rodeando para atacar desde otro ángulo. El jinete esperaba que lo hiciera rápido, porque sus balas no durarían mucho, estarían muertos en cuestión de segundos.
El jinete asomó la cabeza y vio a los hombres peligrosamente cerca, salir y disparar significaría recibir un disparo certero. Y a una distancia como esa, sería fácil darle en una pierna, o peor, en la cabeza, las únicas partes de su cuerpo que no estaban protegidas. Perseus debía apresurarse en flanquearlos.
De la nada, una lluvia de balas cayó sobre los hombres desde arriba, matándolos antes de que pudieran saber de qué dirección provinieron las balas. Un hombre verde y vestido con una armadura de ironnum descendió por una cuerda a través de las copas de los árboles. El jinete lo reconoció al instante.
Oqeue. El hombre que acompañó a la madre de Calíope cuando lo contrataron. Finalmente habían llegado.
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