Harry había sido un pintor excepcional, desde niño tuvo el talento para materializar su imaginación en diferentes formas y colores; su pincel danzaba dando vida a fantasías y paisajes oníricos que sólo existían en su mente.
A los diez años, ya era conocido como el "Ñiño Maravilla" que podía hacer real lo irreal. Pero su camino se torció al cumplir los quince años, a esa edad fue cuando su ambición lo llevó por el oscuro sendero de la obsesión.
Una noche, Harry soñó con una imagen que lo dejó sin aliento: un paisaje indescriptible y una figura que parecía tener vida propia. Era perfecto... Despertó con la certeza de que debía capturar esa visión antes de que se desvaneciera como el humo.
El muchacho tenia el presentimiento de que seria admirado como una celebridad si lograba completar esa obra maestra, por lo que trabajo día y noche en lograr la perfección...
Harry pasaba días y noches frente al lienzo; sus manos se cubrían de pintura, sus ojos se oscurecían por la falta de sueño, y su mente divagaba sobre la idea de perfección.
Día tras día se esforzaba en plasmar en el lienzo una imagen muy específica, La que veía en sus sueños, la cual tenía muchos detalles, tantos que parecía que el trabajo no tendría fin. Eso le era frustrante, Por más que combinará los colores, no lograba igualar lo que tenía en su imaginación, pero Harry no se rindió.
Antes de siquiera notar el paso del tiempo, había pasado 5 años obsesionado con la perfección, los sueños que tenía se convirtieron en pesadillas que lo empujaban hacia la locura.
A medida que pasaban los años, la imagen que intentaba plasmar se volvió distorsionada. Algo había cambiado en ella y lo que comenzó como una idea brillante se transformó en algo completamente diferente.
Cuando Harry termino su obra maestra, la imagen que había creado era un reflejo de su mente fragmentada, hecha pedazos.
La admiración que le tenían se convirtió en decepción. Sus amigos lo abandonaron, su familia le dio la espalda, sus seres queridos eran incapaces de comprender la tormenta interna que lo devoraba por dentro.
Harry estaba perdido en una espiral decadente, como un condenado en el infierno, su obcecación por la perfección lo llevaba al abismo de la locura.
En un día miserable se paró ante de ese lienzo, temblando, sintiendo un vacío inmenso que no podía llenar. La pintura era su esencia. Las luces que había imaginado se habían convertido en oscuridad; lo veía gris.
La desesperación se apoderó de él, y cuando miró su creación, entendió que había perdido su propósito en la vida, tiempo perdido en la búsqueda de algo inalcanzable. Sin esperanza y sin un futuro, tomó la decisión más trágica; su último acto fue sumergirse en el vació de oscuridad infinita.
El tiempo pasó, pero la obra maestra de Harry quedó como un legado, el retrato de una pesadilla. Se volvió un objeto admiración; aquellos que la contemplaban sentían un frío recorriendo su espalda, como si la pintura misma los observara, llevando consigo la angustia del artista.
La leyenda del niño pintor se esparció, y su legado marcado por la tragedia, un recordatorio sobre la búsqueda de lo inalcanzable, los sueños que arrastran a los más talentosos hacia la locura son una mera pesadilla.
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