El señor de azul
Era un viernes por la tarde y mi hermanito Juan, de 3 años, jugaba con sus juguetes
Soplaba el viento frío de otoño desde temprano y la alergia que padecía el pequeño no era
un impedimento para divertirse a diario. Mi hermano Edgar y yo, regresamos de la escuela
con un hambre voraz; abrimos el refrigerador y ya no estaban las paletas de yogurt
congelado. –¿Quién ha tomado las paletas? –pregunté un poco enojado.
Ambos nos dirigimos hacia la sala donde estaba Juan; él sostenía en una mano
una de las paletas y con la otra un muñeco; hablaba de aventuras y parecía que
se dirigía a alguien más. –Ya empezó a hablar con sus amigos imaginarios otra vez –dijo burlonamente Edgar.
Mi madre bajó a los pocos minutos y dio un grito en el cielo al ver a Juan con una paleta helada:
–¡No puedes tomar cosas frías, bebé! ¡¿Quién le dio la paleta?!
edgar y yo nos miramos el uno al otro y negamos con la cabeza, sorprendidos.
–su tía Maria va a llegar en un rato, su vuelo acaba de aterrizar.
No los quiero ver así de sucios, asi que antes de cenar se meten a bañar.
–Sí, mamá –contestamos al mismo tiempo y con desinterés.
Subimos al cuarto, nos tiramos en la cama y dije –Tú te metes primero, yo iré a ayudar en la cocina.
Mientras bajaba, escuché que Juan hablaba de nuevo y decía algo de un señor de azul
mientras extendía una paleta hacia el aire. –¡Ay, estos niños y su imaginación! –pensé.
eran las 6 de la tarde cuando llegó mi tía .
corrimos jubilosos para abrazarla y vimos que traía regalos
lo que nos emocionó más. Sin embargo, Juan se adelantó diciendo:
–Regreso a jugar con el señor de azul.
edgar y yo nos reímos y mejor agarramos las cajas de regalos.
–¿Quién es el señor de azul? –preguntó mi tía a mi madre.
–Es un amigo imaginario que creó mi hijo desde que llegamos a casa de los abuelos.
Mi tía Mara se quedó pensativa por un momento y después habló de su viaje.
A la hora de la cena estaban reunidos en el viejo comedor de los abuelos; mi tía buscaba algo en su bolsa
desde hace rato y cuando al fin encontró aquel objeto
se lo enseñó a Juan, era una foto tamaño título.
–¿por qué razon tienes una foto de mi amigo? –preguntó mi hermanito.
Mi tía se quedó boquiabierta. La foto era de su papá, el abuelo que nunca conoció
en vida el pequeño Juan y al que habían enterrado con un traje azul.