Antes de comenzar con mi presentación, debo agradecer que espacios como este existan. Estoy realmente impresionada con todos los aportes que descubro cada día en este universo y pienso que merece ser compartido para que llegue a más personas en el mundo. Me sumo pues a ese reto y a aportar algunas semillas, esperando que algún día florezcan hasta convertirse en un lindo jardín. Pongámoslo entonces en mayúsculas: GRACIAS HIVE.
Lo que voy a contarles es una historia sin pretensiones ni grandilocuencias, una historia común. Compartiré, tal vez, cosas que quizás parezcan absurdas y otras que hasta les causen risa, pero eso sí, honestas, muy a pesar de todo.
Sin hacerles el cuento de la buena pipa trataré de regalarles pinceladas de mi vida, con el color que me caracteriza y que llegará acompañando a todas y cada una de mis publicaciones.
Nací un 27 de marzo en la antigua URSS, en un hospital de Kiev de cuyo nombre no puedo acordarme aunque mi madre me lo repita una y otra vez. Me llamó Anaray, porque yo debía ser Ana como ella, y la segunda parte de mi onomástico fue sugerida por una de mis tías. Supongo que un poco de inventiva no resultaba caótico en medio del nacimiento de una bebé ochomesina, bajo peso, con una alta probabilidad de no ver la luz del día. Me envolvieron a la usanza ruski parruski, con una pila de trapos y yo me perdía en toda aquella madeja.
Apenas tuve tiempo de acostumbrarme a la idea de ser una rusa más debido a mi delicada salud. Tosía y me resfriaba mucho. Mis padres estaban en esas tierras en afanes de superación y decidieron muy rampantes depositarme en el trópico, donde seguramente mejoraría y me fortalecería con la leche de Ubre Blanca.
Hace 19 años soy Licenciada en Comunicación Social, pero decidí asentarme profesionalmente en la vertiente periodística. Por supuesto, no les voy a decir mi edad, sería irrelevante, y no viene al caso… y no.
Esa de ahí soy yo. Son fotos bastante recientes, ya con eso pueden tener una idea de la cantidad de veranos de los que he sido testigo.
Pues sí, aunque me gradué como periodista y mi primer desempeño fue pluma en mano, por algún tiempo, siempre fui fiel a mi pasión por la fotografía y luché tenazmente por integrar la nómina de fotorreporteros de algunos medios de prensa. Aquel propósito encontró no pocos obstáculos, pues una mujer en esos menesteres era casi un sacrilegio. Hasta que un día me paré en tres y dos frente al director de la revista para la que laboro actualmente y le dije: “¡Fíjese, si no me pone en el departamento de fotografía, dejo el periodismo!” Y así, sin más, accedió. Hoy muchas féminas logran abrirse paso en la fotografía de prensa sin tantos contratiempos.
Hasta ese momento yo escribía bastante, acerca de disímiles temas, pero los más recurrentes eran geopolíticos, concretamente de Asia, América Latina y el Caribe. Con mi desempeño gané algunos seguidores que agradecían mi poder de análisis y síntesis. En la actualidad muchos se preguntan por qué he dejado de escribir al respecto. Lo cierto es que siempre pensé que para desempeñar ese trabajo correcta y eficientemente es necesario palpar esas realidades y en mi caso, solo alcancé a hacerlo por referencias remotas (no por antiguas, sino distantes) y, claro está, mucha lectura cruzada o para que se entienda, las llamadas fuentes en nuestro argot periodístico.
Mis días transcurrían sumergida en mares, ¿qué digo?, océanos de trabajo en los que analizar, balancear, ponderar y discernir entre copiosas fuentes parecía no tener fin. Me agotaba mucho, pero más que agotamiento sentía una terca frustración.
La fotografía era un bálsamo, era mi Isla, el lugar a donde me escapaba en mis escasos ratos libres y, una vez allí, ya no quería volver.
“No tomas una foto, la haces” Ansel Adams
Esta fotografía me gusta mucho. No es representativa de mi trabajo, pero tengo otras publicadas en Instagram. Si lo desean pueden pasar por allí.
Lo que más me gusta escribir es poesía y nunca quedo conforme. También guardo algunos cuentos que probablemente un día de estos les comparta.
De cómo llegué al trading y la inversión en criptomonedas
Esta es otra faceta de @nanixxx. Hace como 3 años o un poco más, unas amigas llegaron a mi casa con un cuento de unos grupos de telegram y unas apuestas, recargas con Bitcoin y que si las criptomonedas esto y lo otro. No entendía ni pitoche. Ellas tampoco me supieron explicar y de hecho aquel interés (de mis amigas) no pasó de ese punto. Sin embargo, yo, que soy curiosa y periodista, valga la redundancia, empecé a indagar, hasta que no sé por qué azares de la vida di con un grupo de trading. Por supuesto, sin tener que abundar en el tema, ustedes imaginarán que ahí comenzaron los trastazos. Ya les contaré también en otra oportunidad. Pero en esencia, he aprendido un montón desde entonces y sigo mejorando cada día que pasa. Ha sido bastante satisfactorio para mí aunque es posible alcanzar niveles superiores, a medida que refine ciertas cosillas de mi personalidad. De hecho, me gustaría comentarles acerca de esa maravillosa experiencia y lo haré en la medida de mis posibilidades y el interés que ustedes tengan al respecto.
Por último, porque no quiero darles tanta lata en este primer lance, me encanta el helado y el chocolate. Sepan que si regalo una de estas dos cosas, estoy incurriendo en un acto de absoluto amor hacia la persona receptora del obsequio. Tengo una perrita que canta con las novelas turcas y se llama Chanel. La recogí al verla abandonada en una caja de cartón junto a una hermanita, debajo del puente de 100 y Boyeros, el día que el mismísimo Kaiser de la moda, Karl Lagerfeld, vino a La Habana con toda su banda de modelos exóticas y refinadas.
Repito: Feliz y agradecida por estar aquí.
Nos vemos pronto.