Sin sorpresa
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En la casa de su amante, la mujer le explicó que fue difícil salir de la casa, ya que desde hacía días su esposo casi ni salía y mantenía una actitud extraña con ella. El amante trató de calmarla quitándole importancia a aquellas palabras y dándole un abrazo de bienvenida. Con emoción, le dijo que aquel era el momento más esperado por él y que no veía la hora de ser felices como merecían.
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La mujer respondió a los afectos del amante, sin embargo, no dejó de resaltar nuevamente el comportamiento extraño que su esposo tenía en los últimos días, era como si él sospechara algo, como si intuyera que en cualquier momento lo dejaría, le había dicho pensativa. ¿Cómo?, preguntó el amante casi con una risa, es imposible, hemos sido muy cautelosos. Lo tuyo son miedos, pena. Cálmate, él nada imagina.
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En ese instante y con aquella última frase, la mujer se despertó sobresaltada. Sin aliento, en la cama matrimonial, se incorporó contrariada. El esposo a su lado también se incorporó y la calmó, diciéndole que había tenido una pesadilla. La mujer miró a su esposo y vio que este la observaba de forma extraña. Cierto, deben ser cosas mías, pensó recordando el sueño y poniendo la cabeza en la almohada. Desde su lado de la cama, el hombre a su esposa callado mira y piensa que jamás le dirá que no será sorpresa su huida porque a pesar de las terapias, ella sigue hablando dormida.