En el quirófano del hospital, los médicos intentaban salvar al recién nacido. La situación era realmente preocupante: se tenía que decidir entre la vida de la madre o la del niño. A pesar de la anestesia, la mujer había pedido que salvaran a su hijo, que su bebé merecía vivir, que ella ya bastante había vivido.
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La madre soportó varios infartos que pusieron su vida en peligro, pero el corazoncito del bebé no pudo soportar el impacto porque estaba muy pequeñito, por lo que aunque hicieron lo imposible, no pudieron salvar al niño. Cuando la madre lo supo, se puso en el pecho al recién nacido y comenzó a llorar y a hablar bajito: "¿Por qué, mi Dios, te llevas a mi angelito, qué castigo estoy pagando, cuál ha sido mi delito? Tú más que nadie sabe lo que he deseado ser madre. No me lo quites, te lo pido."
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Y Dios que estaba escuchando, se sintió muy conmovido. Buscó la hoja de vida de aquella mujer y efectivamente: siempre quiso tener un hijo. Entonces mandó a llamar a la muerte y con parsimonia le dijo: "Tenemos un caso de amor de madre, de esas que darían la vida por sus críos. Si se lo quitamos ahora, su corazón por siempre estará frío. Entonces, lo más conveniente es dejárselo un poco más, aunque sea otro ratito."
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La muerte aceptó aquel trato y no faltó a su compromiso: el bebé vivió y del milagro todos fueron testigos. La madre muy emocionada, agarró a su bebé como si fuera lo más bello, lo más lindo. Sintió sentirse completa al sentir aquel cuerpito tibio. La muerte mientras tanto, como el más vil de los adivinos, miró su calendario y marcó en rojo la tarde en la que volvería por aquel niño.
HASTA UNA PRÓXIMA HISTORIA, AMIGOS
Posponer la muerte (Relato corto) | Ecency
nancybriti ·
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