Patito feo, no llores (Relato breve)

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Patito feo, no llores

La mujer cada madrugada se despertaba asfixiada, sudorosa, temblando. Cada día tenía la misma pesadilla. Ella, en un cuarto pequeñito, veía cómo una mano grande le tapaba la boca y la otra le recorría el cuerpo. En el sueño, ella lloraba y la mano le hablaba: ¡Patito feo, no llores! Ella trataba de zafarse de aquellas manos para pedir auxilio, pero su cuerpo no respondía. Entonces ella luchaba, una y otra vez, hasta que se cansaba, y esperaba quieta que todo aquello fuera una pesadilla y poder despertar. En el sueño, a veces ella se despertaba, pero a veces no. A veces las manos la tocaban y ella se ahogaba de tanto llanto.

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Eran tan repetidos estos episodios que ya no quería ni dormir. Imaginarse vivir aquello, nuevamente, aunque fuera en sueño, le creaba angustia, tortura, infelicidad. Esas pesadillas no solo habían creado en ella un estado de zozobra sino la habían hecho incapaz de tener una relación amorosa por largo tiempo. Los que vinieron, no se quedaron al verla descompuesta y condenada a esos desvaríos nocturnos.

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En los trabajos que tuvo tampoco le fue mejor. Al tratar de estar despierta, sin dormir por las noches, se había convertido en un zombi: gris, ojerosa, anémica. En varias oportunidades quiso ir al psicólogo o a algún especialista, pero sus padres la persuadieron para no hacerlo. Incapaz de llevarles la contraria, olvidaba esa opción, la descartaba.

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Una de esas noches en la que el sueño la venció, la pesadilla regresó como siempre. En ella, las manos grandes le tapaban la boca y los ojos, mientras ella se desgarraba en llanto. Al oído, la mano le decía: Quédate quieta, patito feo y no llores. Vio claramente que el cuarto donde estaba era su cuarto infantil, el de juegos. En ese instante se despertó jadeante, mojada de sudor y llamó a sus padres. Fue el padre quien tomó el teléfono y trató de calmarla:

_Cálmate, Patito feo, no llores, aquí está papá…

HASTA UNA PRÓXIMA LECTURA, AMIGOS

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