Más nunca
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Recuerdo que usted siempre me preguntaba por papá, por la casa, por mis muñecas, por el gran árbol. Yo le contaba de cómo la casa se caía porque no estaba usted, de cómo papá había tirado el árbol para que nunca más nos columpiáramos en sus ramas. Usted me escuchaba y tejía. Hasta que yo terminaba de hablar y usted después se iba. Mañana vuelvo, espérame, así me decía y yo la esperaba cada noche.
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Una vez regresó y yo lloraba de mucha tristeza. Usted se quedó a mi lado y para verme feliz me enseñó sus alas, me dijo que donde estaba, la gente usaba alas. Yo le dije que quería irme con usted. Y usted me miró y me dijo que después vendría por mí, que siguiera jugando con mis muñecas. Luego siguió tejiendo mis cabellos.
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A la mañana siguiente, recuerdo que amanecí muy mal. Papá me miró el brazo, los ojos y encontró en ellos alguna señal. Allí, cerca de mi cama, miró hacia el cielo y le pidió que se fuera, que por eso había cortado el árbol, que ya nuestra casa no era su casa. Recuerdo que me puse a llorar al escuchar aquellas palabras, porque presentía que aquel era el final.
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Y así fue. Usted más nunca volvió a visitarme, maíta. Más nunca volví a verla. Más nunca supe de usted.