Los ecos del recreo
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Yo siempre le presto los colores a Leonor y el sacapuntas. Un día se le cayeron los cuadernos y yo ayudé a levantarlos, mientras los otros niños se reían. Leonor casi que llora, pero yo le dije que no les hiciera caso y que si ella lloraba, yo iba a llorar con ella. Leonor entonces se rio y se le hicieron unos huequitos en los cachetes. Se veía tan bonita riéndose.
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Cuando estamos en el recreo, ella siempre me pide que haga la rueda con ella. A mí me da pena porque se me sudan las manos, y Leonor me dice que tengo las manos sudadas y se limpia de su vestido. Yo le pregunté a mamá cómo hacía para no sudarme y me dijo que no corriera en el recreo. Así que desde la semana pasada, cuando Leonor me dice para jugar a la rueda prefiero decirle que no para que no me suden las manos cuando ella me las aprieta.
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Pero hoy Leonor le dijo a Eduardo, el niño de tercero F, para que jugara con ella a la rueda. Sentado en el banco la vi jugar con Eduardo y reírse a carcajadas. Los huequitos en los cachetes no se le quitaban. En clases de matemáticas y de regreso a casa, solo escucho la risa de Leonor. Leonor que no deja de reírse y de jugar a la rueda. La risa de Leonor me persigue aun en la almohada y aunque hoy no jugué con Leonor, pasé todo el día con las manos sudadas.