La hermana
Aunque no eran gemelas, a medida que crecían, las personas las confundían, alabando las similitudes, sorprendidos ante la igualdad de pensamientos, de gestos, de voz, de manías. Pero había algo en lo que eran diferentes: en el carácter. Mientras que una era osada, peleonera y atrevida; la otra era madura, precavida e introvertida. Sin embargo, aunque más de uno apostaba que una era la mala influencia de la otra, las dos eran piezas que encajaban perfectamente y en esa perfección no solo había unidad, sino también complemento.
Sin embargo, un día la hermana extrovertida murió: un accidente de tránsito acabó con su vida. La otra hermana recibió la muerte como una lluvia helada y triste, lacerante, devastadora. Al principio ella fue una sombra que revoloteaba sin fuerza, liviana, en el dolor, desaparecida; luego, guardó silencio, seca, el largo y angustioso itinerario de las despedidas. Vivió el entierro como si fuera ella un cadáver también. Después, cada día, escondida en su cuarto, lloraba su pena sepultada en sí misma; como si las paredes fueran la tierra que ocultara su rostro y la capa de tristeza sobre la espalda su única compañía. Los familiares más cercanos, temiendo por su vida, llenaron su habitación con cruces, rociaron agua bendita y amarraron en su mano izquierda un cordoncito rojo para espantar las malas energías.
Pero una de esas noches de duelo personal, en sueños, la hermana vio una luz peregrina y comenzó a seguirla. La luz se detuvo en un lugar perfumado lleno de muelles y visiones, perfecto para descansar, inhabitado, un claustro de soledad sin tristezas ni dolores. Miró de repente una espectral ánima parecida a su hermana, que caminaba por sobre un puente. En mitad del camino, aquella imagen que flotaba, volvió la cabeza y le dijo:
_No tendré miedo para que tú tampoco tengas miedo.
Y cruzó el puente y la otra hermana comenzó a seguirla.
Al día siguiente, cuando encontraron el cuerpo frío de la joven que parecía dormida, algunos dijeron que la hermana se la había llevado, otros simplemente alcanzaron a decir que ella misma se había ido porque ya la tristeza le había helado los huesos…