Cuando regresé, luego de muchos años, a la escuela del pueblo, fue inevitable revivir la guerra. Entré y sentí que era más pequeña de lo que la recordaba. Aunque la escuela estaba vacía, vi en cada rincón objetos emblemáticos, conocidos, familiares: el escritorio de la maestra, la pizarra vieja manchada de tiza, el estante de los libros. También recordé la ventana...
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Cuando empezó la guerra, todos los niños debimos escondernos en la escuela. Allí muchas madres y maestras se daban cuenta de nosotros: nos alimentaban, nos abrigaban y muy especialmente, nos entretenían. A pesar del ruido que venía de afuera y que a veces llegó a estremecer las paredes del colegio, todas las mujeres del pueblo buscaban la forma de espantarnos el miedo.
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Dentro del colegio jugábamos, bailábamos y hacíamos ruedas para cantar. A veces se notaba la tristeza en nuestras madres, pero aun así, desde tempranito nos ponían a hacer tareas y a dibujar. En el patio central, se reunían todas y al son de las palmas entonaban canciones infantiles mientras que todos reíamos, llenos de felicidad.
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Recuerdo que una vez, antes de huir de la guerra, mi hermano y yo nos asomamos a la ventana y vimos cómo el pueblo había sido destruido. Cuando le preguntamos a mamá por qué todo estaba así, ella nos dijo que era porque iban a hacer un parque más grande, edificios enormes y que por eso habían demolido todo. Nosotros nos emocionamos tanto que le preguntamos si íbamos a volver. Mi madre en ese entonces dijo: "Pronto, pronto volveremos". Y nosotros nos alegramos tanto y solo supimos de la guerra muchos años después.
HASTA UNA PRÓXIMA HISTORIA, AMIGOS
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(es.en) Apuntes sobre la Poesía ● Notes on Poetryalmadepoeta ·