Relatos del bloque: El día que morí

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8y

En los bloques solo había una bodeguita y un par de casas en las que se vendían chucherías. La mayoría de las compras necesarias había que hacerlas en la bodeguita, si uno no quería bajar a la del barrio o al abasto de bloque 2. La bodega era atendida por una familia negra y en el bloque les llamaban los Guatusi a manera de burla (que eran al parecer una tribu de África o algo así), sobre todo por el abuelo, dueño de la bodega, que era un cabrón amargado que se dedicaba joder y tratar mal a todo aquel que tuviera la mala fortuna de ir a enriquecer sus arcas y pese a esto y asombrosamente, vendía lo suficiente como para mantener y criar a una familia solo con la bodeguita. Yo odiaba al maldito viejo (creo que aún lo odio) y peleamos de manera verbal múltiples veces. Las malas lenguas decían que el viejo tenía un pacto con el diablo y yo lo repetía a modo de venganza.
Aquel día había sostenido una de aquellas discusiones épicas con el viejo guatusi, así que bajé a la bodega del barrio a comprar algún encargo de mi madre. A mitad de la escalera El mono, un chamo sano, que vivía ahí y siempre había sido muy pana. Salió arrecho y me dijo:
_ ¡Mamaguevo sabes que fuiste tú el que me volteo el tobo de agua en la puerta!
_ ¡Mamaguevo serás tú becerro!, ¿qué coño te pasa?, ¿Qué tobo ni qué coño e madre?
Y bajé las escaleras molesto mientras le escuchaba decir:
_No te quiero ver más por aquí, no sé por dónde vas a subir, pero por aquí no te quiero ver más…
_Ta bien pues, vamos a ver quién coño me lo impide, le grité.
Compre los enseres y subí las escaleras dispuesto a caerme a coñazos con el mono, e imaginando una combinación para amagar y abrirle el alma de un derechazo. El mono, que estaba oculto, salió y me disparó a quemarropa. Sentí como la bala me quemaba el estómago, al perforarlo. Era todo sorpresa. Yo no sabía que tuviera un arma… me llevé las manos al estómago a ver si podía contener la sangre. Un tiro en el estómago casi siempre es mortal recordé mientras agonizaba. “Este hijoeputa me mató por esta tontería”. Levante la mirada incrédulo y sabiendo que me moría caí sentado en los peldaños. Lo mire acusadoramente y soltó una carcajada. Miré mis manos y no había sangre.
_Jajajaja, viste como caíste con el tobo y todo.
Me había disparado con una pistola de aire. Lo que había sentido era solo aire caliente. Reímos juntos, le llamé cabrón…
Capaz si no se ríe, de verdad me muero.

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