Nostalgia del amante caído

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Nostalgia del amante caído

Autor: nachomolina2@nachomolina2

Fue el acontecer de un día común, sereno como cualquiera, donde el musgo reverdecido armonizaba el hostal hasta en los rincones más cálidos y se enjugaban lágrimas de rocío sobre los maderos de una antigua marquesina. Aquel ocre otoño, entre los adoquines y las hojas secas removidas por el céfiro de la tarde, feneció, el mismo amor. Cenamos en la terraza y bebimos hasta la mitad una botella de vino. La velada romance de solo pequeños atisbos, gestos y señas transparentes sobre entendidas se inclinaba a lo íntimo. Nos sobraba el espacio y el mundo, tan pequeño, se ajustó a la medida de dos, todo lo demás desapareció, o tal vez, sin notar, desaparecíamos nosotros.

Al terminar el aperitivo, aún con intención de prolongar el encuentro, convinimos en dar un paseo. Aprovecharíamos los últimos rayos de sol que rimbombantes bañaban el prado para acercárnos, romper el hielo y porqué no, hacer un pacto de amor duradero. Aquel ocaso tardío, imantaba nuestros sentidos en su color naranja y extrañamente indujo la nostalgia en ambos, a pesar de que el fin era enriquecer el momento, nos dejó sin alma, huérfanos, solo un par de extraños tomados de la mano enrumbados a lo incierto. Nos adentramos en la naturaleza e ignoramos la sensación de vacío que anidamos dentro, la cual nos acomplejaba en lo profundo, pero ninguno de los dos se atrevía a reconocerlo.

Suspiramos paz y tranquilidad tendidos en un claro, de espaldas, acariciábamos la hierba con nuestras manos, comíamos pétalos de flores acampanadas, desinhibidos, aceptándonos tal cual como somos. Por primera vez y última, perdimos la fe, nos elevamos al inmenso dejados por el sonido del viento bajo nublos de plata solitarios. Hablamos pausados versos imaginarios ideando en nuestras mentes formas abstractas que desprendidas del cielo lentamente tocábamos.

Luego cambiamos, sin querer, abatidos, fuimos un cúmulo de sentimientos encontrados entre el negro y el blanco, creamos confusión, nos preguntamos el porqué de nuestro sentir en aquel atardecer desalmado, hasta que finalmente al caer la noche la luna roja auyentó las sombras librando nuestra batalla de egos. La contienda nos dejaba el mensaje de un amor extraño y latente, también el de un enfermo devenir sinsentido, lo cual, al inicio nos causaba pánico, sin embargo, después, la inquieta curiosidad por saber la razón detrás sobrevino en ansias de descubrimiento. Sin embargo fue tarde, nuestros corazones, en luto, apenas pudieron sostener al amante caído y la nostalgia de su desnudez.

fuente

FIN

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nachomolina2@nachomolina2


venezuela
2025

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