La garganta
Es por naturaleza la condición de un hombre enfrentarse a lo desconocido. Romper la barrera del tiempo y la distancia, desprendido de lo que alguna vez fue y no será más. Explora el último rincón del mundo en su mar de lejanías, donde fijos permanecen sus ojos. Encuentra alivio burlando al espejismo, desempañando la imagen transfigurada y su irreal significado. La convierte en cuenca, ranura sobre la faz de la tierra donde derrama su ansia de libertad y recobra a fin, el espíritu...
Al pisar la madre tierra, sin descanso, buscaba yo escuchar al fondo su latir. Razón del porqué me siento solo y abandonado, cual ser inanimado, dejado en aras del olvido. Con el oído pegado al suelo, sondeando la roca ígnea, solicitaba una respuesta para quién cansado de vivir en absoluto encierro ve su alma perderse. Siente la ceguez de un dios, luciendo un cuerpo como cofre vacío, cáscara, la cual pretende llenar con un escape hacia otras tierras.
Partí con rumbo a "La garganta", mítico espacio del cual había escuchado hablar, donde finalmente acabaría con mi aflicción...
"Anduve descalzo en el desierto, cubierto por conchas nácar, arcilla roja y cuarzo. Con el sol haciendo estragos en la piel y la calima dejándome ciego. Hábitat de víbora y lagarto, aridez de un suelo ausente de hierba. Sin líquido vital, ni afluentes secos o quebradas que prometieran la reincidencia del ciclo de las aguas. Aquel lugar hacía imposible pensar en la vida, hacía tenaz el supremo castigo. Trayendo a lugar la mayor insinuación de la muerte entre dunas y la maldita soledad."
Entre dos tapias del gran cañón, pared de óxido férrico, el silbido del viento mezclado orquestaba fatalidad. Pude ver la garganta, el portal fauce del fuego. Arrastrando consigo la poca fe y dejándola tamizada para la mezquina posteridad.
Solsticio de otro tiempo, cuando la tierra fue fértil, cuando brotaba el ojo de agua. Cuando no era preciso huir de ti mismo, ni abandonar el "yo". Ahora jugando mis ganas a la suerte, siendo poco menos que un ser despojo pretendí vagar por un extraño mundo el cual desconocía, dejando ver mi intención sobre, la garganta, sitio donde acabaría con todo...
Fueron días y noches de tan profundo desconsuelo. Después de haber atravesado millas de todo un continente en dirección hacia el sur. Hidratado con el cactus, comiendo escarabajo y escorpión… Mi cuerpo no soportaba más bajo esta piel incendiaria, llena de hematomas, ampollas, deshollejes. Sentí romperme en mil pedazos y mis pies ya no pudieron sostener el peso. Eran huesos y carne, piel despellejada, eran eso… hueso y la delgada piel.
La garganta del diablo. Un accidente geológico en forma de gruta descendente que llega a las entrañas de la tierra. El silencio, rotundo e insondable en sus paredes cubiertas por llanto y pena, dolor y amargura. La tierra roja con granulares betas desprendidas, cayendo sin cesar hacia el infinito. La garganta, su nombre alude a quien dentro habita, y la oscuridad es un manto como puerta de infierno...
No se trataba en realidad de un desierto. Era en sí, el producto de mi surreal profusa melancolía. Era el astro rey filtrado en la garganta calcinando mi deseo y haciendo destrozos al pensamiento, dejándolo atrapado en tan solo un grito...
La púa de escorpión creando inmunidad al veneno, mórbido sentir que se agota por completo en el cenit. Era la muerte del pensamiento que inundó repentinamente de silencio la intencional voz de un atentado.
Estaba a punto de desentrañar el mito de "La garganta" y revelar así su secreto. ¡Me acerqué tanto a la verdad!, que pude sentir la presencia divina y el fin de mi sufrimiento...
Como ni en sueños lo hubiera imaginado. En un camino atrincherado en resguardo de los rayos del sol. Camino de árboles marchitos y sedentarismo. En el cual me arrastré casi sin fuerzas, lento y tosco, tanto como permitiera la desgastada humanidad. En un último intento por llegar al final, con mis ojos secos y la pupila contraída... ¡Recapacité!. Si no estaba yo bajo el engaño en mi estado en absoluta ausencia. Si mis ojos aun en su órbita, no me fallaban, ni jugaban una treta de burla en aquel momento. ¡Aquello que ahora veía!, eso que estaba frente a mis ojos, no era más que mi ansiado placer en agonía, otro espejismo, surgido como respuesta de mi solícito y profundo ruego...
Reverdecido, ¡Un bosque de coníferas!, al pie del acantilado. Parte de la selva tropical y los humedales de pantano. Circundando un lago de aguas cristalinas, profundas verde azules, agitadas por acción del viento y la energía del caudal. Ahora, me pareció estar a la entrada del paraíso. Aquello distanciaba a pleno del sitio que yo buscaba, en el que finalmente pensaba arrojar toda mi amargura. "La garganta", me lo había descrito, a mi mismo, como el último lugar del mundo donde un hombre nunca desearía estar. Así, se hubieron marchado aquellas obstinadas ganas que en un principio me guiaron, rumbo hacia mi oscuro final en una gruta ciega dirigida hacia las profundidades.
¡Pero, estando aquí!, lejos de toda persuasión veo que el mito de la garganta, quedó atrás, formando parte de una equivocada historia. Pasando a ser nada, resultó en un absurdo cuento acerca de una falla geológica sin explicación ni sustento. Concluí que aquel mito. "La garganta del diablo", simplemente ni existe, ni nunca existió...
En su lugar, la maravillosa obra de la creación, trajo a mí ser, el perdón. Devolviendo así, las ganas de vivir de nuevo la vida y alejarme de mi anterior estado afligido.
Así fue, perdido en las entrañas de la tierra. Atrapado por sus fauces, abandoné la idea de muerte y encontré la ansiada paz... sumergido para siempre en la garganta.
FIN