El dolor de ver a nuestra tierra sufrir es inmenso, pero la fe y la solidaridad nos mantienen en pie. Dedico estos versos a mi amada Venezuela tras el reciente sismo. Es un canto al dolor por los techos caídos, pero también un homenaje a la misericordia de Dios y a los brazos hermanos del mundo que hoy nos extienden su apoyo sin cesar. ¡De esta saldremos!
La tierra rugió de forma inesperada,
dejando a su paso el caos y la aflicción,
pero de estas saldrás, mi bella patria,
bajo el amparo de Dios y su gran bendición.
Hoy nuestros corazones sufren la herida
de ver tantos techos caídos en el suelo,
la triste orfandad que quiebra la vida,
y un llanto amargo que eleva su vuelo.
Más su hermosa misericordia nos arropa,
Dios está con nosotros en la tempestad,
mientras el consuelo de a poco nos toca
y nos devuelve la fe y la hermandad.
Hoy de otros países muchos amigos
nos ayudan sin cesar en la labor,
cruzando fronteras, abriendo caminos,
para levantar a Venezuela con amor.