Debemos recordar que la vida es un viaje, que en cada puerto nos va enseñando nuevas experiencias que contribuyen al logro de nuestras metas a largo plazo, y saber que equivocarnos también forma parte de ese proceso de aprendizaje, para romper hábitos y limites que sin duda nos hacen mejores personas y profesionales. Qué mejor ejemplo que usar la analogía de una embarcación fondeada. Y dice así:
Fondeadero
En las aguas saladas de esa solitaria bahía
Con el lento y suave movimiento de sus olas viajeras
Aquella embarcación que los siete mares sin miedo recorría
Hoy está fondeada por esas nubes grises pasajeras.
Añoro los tiempos cuando nos ofrecía esas clases de geografía
Pues por babor y estribor nos mostraba su sendero bajo este cielo
Inspirando poemas de esos que nutren y alegran la poesía
Hoy terminó atracada en costa, por la comodidad y el miedo.
Levantarse solo es cuestión de actitud y de visitar el astillero
Para navegar de nuevo, orientados por la luz de los faros
Se debe tomar el timón, así el barco no tenga pasajeros
Y luchar por los sueños, iluminados por el sol y sus rayos.
Disfrutando del paisaje con su ocaso en cada puerto
Y esas tonalidades verde azuladas de sus mares
Liberando ese pájaro enjaulado, que en vida sigue muerto
Para vivir nuevas experiencias, dejando atrás nuestros pesares.
La vida es un viaje que no nos permite quedarnos varados
Escapando de esa zona de confort, que nos lleva al fondeadero
Venciendo nuestros temores cuando nos sintamos amarrados
Pues el equivocarnos diariamente nos hace buenos marineros.