Su níveo cuerpo emerge de mi pavor,
respiro espectros albinos ante el desespero;
en cambio, ella se fuga en paz danzando taciturna desde mi garganta.
Mi evaporado desespero
es vida para la doncella incolora, que desde mi boca clama poesía confusa y entrecortada.
¡Miedo es poco!
¡Siento pánico cuando su roto nombre galopa en mi cavilación!
Diosa Niebla,
reto al juicio y valentía tras la sensación de lo desconocido, algo de adrenalina y ligera excitación,
porque en la tenebrosidad lo más claro será tu huella dactilar de terror.