A la vida hay que ponerle onda.
Y, no porque todo sea lindo,
sino porque no siempre
es simpática.
A veces se levanta cruzada,
te cambia los planes,
te mueve el piso justo
cuando creías tenerlo firme
y encima no pide disculpas.
Entonces aprendes
a ponerle una sonrisa
aunque no tengas ganas,
a buscar belleza en lo simple,
a reírte de tí misma
para no llorar más.
Ponerle onda
no es hacerse"fuerte" todo el tiempo,
es ser humano,
es permitirse el cansancio, la duda,
el “hoy no puedo”
y aún así, levantarte un poco.
lentamente, pero nunca caerse.
Con un poco de alma, ingenio
y un poco de humor,
se vuelve más llevadera.