Inspiración alimentada del dolor,
parásito incansable de penas,
intrínseco vacío sin color
que al hombre vas sacando canas.
Siempre aprietas, siempre ganas
cuando de torturar se trata,
vas cavando con mil palas
un inmenso hoyo que me atrapa.
Cruel carcelera del dolor,
amiga inseparable de la soledad;
¿quién se enfrenta con valor
a semejante ente de maldad?
Hoy me descubro nuevamente
sucumbido en este abismo
que me encierra en mi mente
y me enfrenta conmigo mismo.
Me pierdo en lagunas del tiempo
donde el hoy y el ayer
se encuentran con un arriendo
donde me vuelvo a perder.
Triste hoy desdichado,
esperado siempre mañana,
el ayer sobrevalorado
y el ahora quedando despreciado.
La tinta se convierte en sangre,
fluye directo del corazón,
la ansiedad te devora con hambre
cuando entras en depresión.
Musa que esperas en silencio,
te ocultas entre las sombras
esperando aquel momento
cuando la desdicha se asoma.
Para alimentarte nuevamente
de la desventura humana,
puyando con un tridente
en aquella herida hecha yaga.
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