Nunca decía nada, sus grietas me estrujaban, con el pasar de los años, se fue despedazando sin lástima.
¿Qué haré si la pared cae?
¿Dónde iré cuando ya no esté?
El agua busca cómo brotar de la montaña, el aire se camufla entre las hojas compactas, las tortugas marinas regresan a anidar a su playa, imposible que yo no pueda sobrevivir a esta plaga.
No existen las derrotas, puedes levantarte sin zozobra, recorrer la vida, visitar bonitas palomas.
La montaña me custodia, ya no tengo miedo ahora, el muro era una atadura, que me asfixiaba sin mesura.
Que bien se siente, ¿verdad perro enano?
Que bien se siente tener sueños, ya no estamos amarrados.
Créditos texto y fotografías: Margarita Palomino