Estábamos sentados en la mesa disfrutando un delicioso desayuno a la carta, les explico, mi esposa y mi hija estaba comiendo arepita frita con queso, mi hijo cereal con leche y para mí, arepa asada con queso, además de café con leche para mi esposa y café negro claro para mí; gracias a Dios lo podemos hacer. Mientras comíamos salió el tema de mis inicios en el mercado laboral y les conté que cuando hice mis pasantías, tuve que viajar desde Caracas, donde estaba la Universidad en la que estudiaba, hasta el estado Zulia, en un pueblito llamado La Concepción, llegué a un campamento donde dormía en una carpa compartida con otro trabajador.
Estaban empezando a salir los celulares, ¿se recuerdan aquellos que llamaban bloques y lo novedoso eran los Baby Nokia? los que no teníamos poder adquisitivo, nos tocaba utilizar los teléfonos públicos para llamar a nuestros familiares, para ello debíamos caminar como dos kilómetros hasta una estación de servicios (venta de gasolina), donde estaba un teléfono que se podía utilizar con tarjetas o monedas. Una vez íbamos caminando y escuchamos el sonido de una vehículo que se acercaba a gran velocidad, pero repentinamente empiezan a desacelerar, cuando se paran a nuestro lado y uno de los ocupantes le pregunta a otro ¿estos son? Gracias a Dios respondió rápido y dijo que no éramos, les digo que las piernas me quedaron temblando del susto, esa zona está llena de todo tipo de hampa. A partir de ese día, por seguridad, siempre salíamos más de cuatro personas para ir a hacer las llamadas,.
Era un trabajo fuerte porque durante el día avanzaba en mi tesis de grado y en las horas nocturnas hacia las labores propias de la empresa, algunas veces pasaba hasta dos o tres días sin dormir, pero aprendí bastante de las operaciones de campo. Durante las noches cuando lograba terminar temprano y me acostaba, me era difícil conciliar el sueño, porque casi siempre llovía y caían muchos rayos y centellas. Cercano al lugar, una persona murió al ser impactada por un rayo, pero era el trabajo y me tuve que acostumbrar.
La comida era exquisita, porque la empresa era francesa y tenían excelentes chefs, los baños siempre estaban limpios y teníamos un servicio que cada dos días pasaban buscando la ropa sucia para lavarla y plancharla, por esa parte la pasé bien, gracias a Dios.
Fueron varios turnos de más treinta días (30) días consecutivos trabajando y logré terminar mi tesis. Pienso que realicé un buen trabajo, porque la empresa me ofreció empleo, pero tuve una mejor oferta en otra empresa que la superaba. Las decisiones marcan nuestro camino y varias veces tuve que elegir y, gracias a Dios esas elecciones, estoy hoy con una hermosa familia.
Siempre tenemos que dar lo mejor de nosotros, bajo cualquier circunstancia, es nuestro prestigio la mejor carta de presentación para buscar empleo. Algunas veces he tenido empleos donde las condiciones no eran las mejores, pero siempre he entregado lo mejor de mi experiencia laboral para sacar adelante las tareas asignadas, es mejor renunciar y decir hasta luego a que hagamos un mal trabajo que pueda manchar nuestra hoja de servicios.
Estimados lectores, agradecido con su valiosa visita y sus comentarios en mis publicaciones, ustedes alimentan y activan mi motivación para escribir, cada día es un motivo para agradecer a Dios por tantas bendiciones. Felicidad siempre
Venezuela tierra de paz
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