Inminente - Relato

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La mirada ausente veía todo sin ver, mientras que los pensamientos cruzaban a toda velocidad por su mente. Las preguntas que lo perseguían eran cada vez más constantes, el problema era que no sabía cómo responderlas.

Cruzó el bosque de forma automática, sin prestarle atención a nada de lo que había a su alrededor. Pronto llegó a la instalación gris, donde su padre se la pasaba la mayor parte del tiempo.

Roger estaba obsesionado, pero Lucian ya se había agotado del asunto y quería que todo terminara. No estaba bien. Lo que hacían todos, querer controlar la vida de un ser, jugar a ser Dios.

¿Entonces, qué debían hacer? ¿Soltar a la criatura a riesgo de poner en peligro al poblado? ¿Matarla? ¿Convivir con ella? Tantas preguntas que hacía una pequeña voz dentro de sí, y, sin embargo, todo era más complicado de lo que parecía. Calló a la voz, debía esperar.

Le abrieron la puerta después de confirmar quién era, y al entrar al cuarto donde retenían a Verde, observó a su padre sentado frente a una mesa. Supo que escribía cosas que no tenían nada que ver con el asunto que los reunía a todos allí, y ese era el problema. Podría hacerlo en casa, pero poco quería asistir a su hogar.

—Mamá está preocupada —dijo Lucian, omitiendo que también estaba triste—. Me mandó a ver cómo estabas.

Roger levantó la vista y se frotó la cara. Dejó el lapicero a un lado y se levantó, saludó a su hijo y se dispuso a irse.

—Tiene razón en estar preocupada, iré a estar unas horas en casa. ¿Podrías quedarte aquí vigilando a Verde hasta que llegue Pedro? Los otros están ocupados.

Lucian no sabía de qué sorprenderse más, si de lo que acababa de decir Roger o de que lo quisiera dejar solo en ese sitio. Accedió sin pensar, contento por su madre, pero preocupado por quedarse solo en la habitación.

Cuando su padre se marchó, la felicidad momentánea que había sentido se había esfumado, reemplazada por la incertidumbre de no saber qué sucedería a continuación.

Se sentó en el lugar que había ocupado su padre, y sacó algunos libros para estudiar. No entendía por qué debía vigilar a Verde, si hubiese podido escapar de la jaula que la apresaba ya lo hubiese hecho.

Pasados cuarenta minutos de estudio, decidió descansar. Empezó a hacer pequeños dibujos en hojas recicladas, mientras veía esporádicamente a Verde, que no se había movido del rincón donde se encontraba.

Antes de darse cuenta, había empezado a dibujarla. No era experto en el dibujo, pero el retrato estaba siendo muy parecido al ser que reposaba en el suelo de ese cuarto gris.

Paró el lápiz y cerró el cuaderno. Suspiró, se levantó de la silla y empezó a dar vueltas en la habitación. Los pensamientos volvían a acosarlo, y antes de darse cuenta, ya lo habían dominado. Deseó que su padre regresara pronto, pero sabía que eso no iba a suceder.

Recordó las golosinas de su bolso y sacó un chocolate para matar el tiempo y distraerse. Al hacer ruido con el papel, atrajo la mirada de Verde. Se quedó paralizado.

—Es... Chocolate —sintió la necesidad de explicar, aunque quizá no serviría de nada.

Destapó el dulce, notando que Verde no apartaba la mirada. Parecía verdaderamente interesada. Lucian se acercó al rincón donde estaba.

Miró de cerca a la criatura, detallando el color extraño de sus ojos antes de reaccionar. Picó dos trozos de chocolate y se llevó uno a la boca. Creyó que era lo correcto, para demostrarle a Verde que no solo se comía, sino que no representaba ningún peligro.

Le extendió el segundo trozo con una mano blanca y temblorosa. Se preguntó si acaso Verde no le arrancaría el brazo de cuajo, ahora que tenía la oportunidad, pero decidió arriesgarse.

No esperaba que nada sucediera, pero Verde tomó el trozo de chocolate y se lo comió de forma natural, como si lo hubiese hecho antes.

Se quedó pasmado, pero luego reaccionó para compartir más del chocolate con Verde. En cierto modo se sintió contento, como si alguna barrera invisible cayera al fin, y fueran solo dos, con más similitudes que diferencias.

Se preguntó si podría entenderse con Verde, si sería el inicio de algo importante. Lo que no sabía era que la tragedia estaba cerca, esperando su oportunidad de atacar.

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