Oigo blues y jazz clásico (pre rocanrolero), no vi pasar la tarde por mi estudio, escuché un rato algunos grupos clásicos y vi pasar el sol hacia la sierra madre camino a su escondite en la última curvatura con que la densa madre tierra es abrazada por la mar
Mi gozo intelectual me alejó hoy de la cotidianidad de pensarte, de recordar cada uno del largo inventario de besos atrevidos que has dejado en cada poro de mi piel, pero esta necedad de amarte o lo que sea, no pudo arrancarlo de mí.
Aún sin tu presencia, te adueñaste de mi tiempo, el aire fresco me hace mucho más desearte hermosa, risueña y festiva con esa mirada de amor que engrandece la euforia de adorarte y el acto de amarte se vuelve mi cielo, mi paraíso y mi gloria
Porque quemarme en tus infiernos desde el prodigio mágico de tus caderas, no puede olvidarse ni con los grandes maestros del blues, del jazz, de la poesía, la literatura o la filosofía, porque amarte deliciosa, lujuriosa y tierna como me amaste, es algo que nunca dejare de agradecerte y agradécele a mi Dios que te puso en mi mirada y en mi alma enamorada que se resiste a dejar de pensarte, imaginarte o desearte diariamente.
Porque eres más rica que un blues y más pegajosa que un jazz, eres lumbre que quema y yo el leño de un viejo árbol seco que arde y que por más que pase el tiempo sé que estas ganas de amarte nunca se apagarán.
Porque vives en cada uno de mis huesos y lo sabes bien mi amor, que yo hasta después de incinerado habré de amarte.
Hay amores que se transforman en eternos y que no tienen límites ni distancias que los apague, que soportan cualquier tempestad y naufragio, que cruzan las fronteras de lo tangible y se vuelven carne de nuestra carne, como el tuyo y el mío.