Dos estrellas titilan en tu cara
e iluminan mi injustificado enojo;
en ellas vi la ternura de tus ojos,
bajo el cielo de la noche clara.
Mi enfado; ante tú mirada seductora
desaparece, luego tiemblo y me sonrojo;
y al sentir tus caricias y labios rojos,
susurro un te amo, mujer cautivadora.
No pienso en los amores de otrora,
hoy sucumbo ante tus antojos;
mi voluntad es esclava de tus ojos.
Juntos mirando la belleza de la aurora
un hermoso sentimiento aflora,
dejando atrás el injustificado enojo.