Noche de terror

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Estoy soñando, en mi sueño soy niña nuevamente. Me encuentro en la cocina de mi madre, huelo el delicioso aroma de la mermelada de fresa que hace mi madre en la cocina. Camino por el corredor que va a la pequeña cocina y la veo, sonriéndome mientras remueve la fruta y el azúcar en el fuego. Lleva su cabello recogido en una alta coleta y su delantal de flores amarillas manchado de las salpicaduras de aquella mermelada en proceso.

No hay sonidos, solo mi mamá sonriéndome. Sé que es un sueño porque ella murió hace dos años. Y nunca he vuelto a probar una mermelada desde ese entonces, siempre me recuerdan a ella.

Solo quiero abrazarla, así que corro hacia donde está ella. Me abrazo a su falda y ella toca con su mano libre mi cabeza y luego mis hombros y me abraza. Su falda huele a lavanda. ¡Cuánto la extraño!

Un ruido me despierta de repente. Abro mis ojos siento como una lágrima ha corrido por mi mejilla; la limpio y miro a mi alrededor. Mi habitación está tal cual como la dejé al dormir. La luz de la luna que se filtra por las delgadas cortinas me permite ver mi buró, el pequeño sillón donde leo cada noche antes de dormir, y la ropa doblada en mi closet aéreo.

Escuchó un cristal romperse desde la cocina. De seguro ese es el sonido que me ha despertado. Pongo mis pies descalzos en el piso y está helado. Tomo mi teléfono celular que carga detrás de mi almohada y alumbro mi camino.

El sonido en el exterior de la habitación se repite. Abro con cuidado la puerta de la habitación intentando que no haga ruido y luego de lo que me parecen horas por fin salgo sin hacer ni un mínimo sonido.

Paso a paso avanzo por el pequeño corredor que da a mi cocina. Está helando, veo como sale humo de mi nariz y boca a causa del frío y los vellos de mi nuca se erizan.

Se viene a mi mente la imagen del sueño y por un minuto, pienso que al entrar a la cocina veré a mi mamá sonriéndome. Pero cuando cruzo el umbral no sucede. La cocina está sola. Las encimeras limpias, no hay rastros de vidrios, todo está en perfecto orden.

Decido ver en la pequeña sala de estar que hace de comedor en busca del origen de aquel ruido, sin encontrar nada.

El frío parece intensificarse, así que decido volver a la cama. Cuando giro mi cuerpo, el olor de fresas cociéndose me golpea en la nariz dejándome estática. Siento mi corazón latir más deprisa, y un escalofrío me recorre toda la columna vertebral.

Lentamente empiezo a girar sobre mi misma alumbrando todo a mi alrededor. No hay nada.

Decido que ha sido mi imaginación pero decido llevarme un cuchillo a mi cama para tener protección y me encamino rápidamente a mi habitación, abro la puerta, coloco el teléfono a cargar bajo la almohada y a su lado el cuchillo y me acuesto. Estoy halando la sábana cuando la veo.

En mi pequeño sillón, sentada, con su delantal de flores amarillas me mira fijamente. Sus manos apoyadas en los posa brazos están pálidas. Escucho los latidos de mi corazón en mis oídos, con movimientos sumamente lentos aparto la sábana y me siento.

No puedo comprender que es todo aquello, pero solo muero por abrazarla como hice en mi sueño. Me sonríe, tal como hace en mi sueño. Me acerco a ella y me siento en su regazo, envuelve sus brazos a mi cuerpo dándome aún más calor, acerco mi cara a su pecho inhalando el olor a lavanda. Me acaricia el cabello como siempre hacía, me dice que estaré bien, que yo mejoraré.

No sé a qué se refiere ni cuánto tiempo pasa, pero no me muevo hasta que el delicioso olor cambia, y la fetidez me agobia. Alzo la cara y veo un rostro pútrido, sin ojos, sin facciones, solo carne podrida frente a mí.

Salto de inmediato de su regazo, pero veo como abre sus brazos invitándome nuevamente. Retrocedo y caigo de espalda en la cama. Veo como su cuerpo se convulsiona, alargándose, sus manos se extienden varios metros de largo y se vuelven muy delgados, su cabello se suelta alrededor de su largo cuello, las piernas que salen de la falda se vuelven largos y deformes cubierta por una piel negra de aspecto pútrido.

Se levanta del sillón, y desde la altura veo como unos ojos grotescos, sumamente grandes, inyectados de sangre me observan, paralizándome de miedo. Su boca se abre y deja entrever una lengua morada, extremadamente larga. Cuando se acerca a mí sigo retrocediendo en la cama, y mis dedos tocan el frío metal del cuchillo que me hace reaccionar. Me abalanzo con todas mis fuerzas contra esa cosa, y clavo el cuchillo en su pecho, una y otra y otra vez.

Un grito horrible sale de su boca, pero sigue moviéndose, así que corro a la puerta. Pero está cerrada, trabada.

Halo la manilla con desesperación pero está trabada. Pongo mi espalda contra la fría madera y veo como se vuelve a acercar a mí, está justo frente a mí, a solo cinco centímetros de mi rostro, arrojando toda su pestilencia en mi cara.

Cierro los ojos y aparto mi rostro. Siento aún mucho más frío recorriendo mi cuerpo, siento como si me tocaran con hielo, bajo la mirada y realmente me están tocando, miles de brazos alrededor de mi cintura me sujetan y me halan.

Abro los ojos y siento mi corazón acelerado. Ha sido una horrible pesadilla. Me froto mis ojos y decido no ver más películas de terror antes de dormir, cuando lo veo. El pequeño delantal floreado puesto en el posa brazos de mi sillón y sé que todo ha sido real, el miedo me embarga, corro, corro fuera de aquella habitación, corro alejándome del peligro, siento mis pulmones arder, llego al exterior de la casa y la luna guía mi camino, corro sin detenerme y toco con desesperación la puerta de mis vecinos.

Abren sus puertas y me dicen que estaré bien, que ellos me protegen.

Estoy sentada en el sillón de la sala de estar cuando un hombre vestido de blanco llega a mi lado. Se acerca a mí, me saluda con cordialidad, saben mi nombre, pero no recuerdo haberlo visto antes. Veo a mis vecinos que se mantienen en un rincón observando la escena. El hombre me pide lo acompañe para revisar mi casa y me pide que lo guíe. Camino dos pasos delante de él y salgo al porche delantero de la casa de mis queridos salvadores, cuando otro hombre vestido de blanco se interpone en mi camino. Giro para hablar con el primero, que me envuelve de forma rápida con una tela alrededor de mis brazos, el otro me sostiene fuertemente mientras me hace amarres fuertes alrededor de todo mi pecho.

Grito, no entiendo que sucede. Les digo que se equivoca, que tiene que haber un error. Pero me ignoran.

Me suben a una ambulancia y se sienta uno a mi derecha y otro a mi izquierda. Les grito que me dejen ir, que estoy bien, pero me ignoran. Les grito todo lo que me ha pasado pero siguen ignorándome.

A los minutos el vehículo se pone en movimiento. El primer hombre toma un radio y se comunica, escucho como dice mi nombre, como reporta que tiene a la "fugitiva" que me dirigí a la casa de mi madre y estaba importunando a los vecinos una vez más, el terror se intensifica dentro de mí. Insisto intentando explicarles que todo aquello ha sido un error.

Nadie me presta atención.

Me bajan fuertemente atada delante de un edificio alto, parece una iglesia, hay muchas más personas vestidas de blanco, todas me mira, antes de entrar veo las letras sobre las rejas negras que rezan: "HOSPITAL PSIQUIÁTRICO MARÍA AUXILIADORA" no entiendo que hago en aquel lugar.

Escucho como el radio del oficial suena una vez más y reporta que soy sumamente peligrosa, una unidad entró en mi vivienda y encontró el cuerpo de mi madre con muchas puñaladas de hace aproximadamente una hora, que yo la había matado. Grito una y otra vez porque todo aquello es mentira, todo aquello no puede ser verdad, pero una imagen de mi madre, frente a mí en la puerta de mi habitación, con todo el pecho bañado en sangre acercándose a mi cara para decirme que me quiere, simplemente me hacen dudar, y por primera vez pienso que quizás tengan razón.

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Divisor editado por autor, en programa Photoshop Cs5.

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