Deseos al cielo

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Cuando miras el cielo en noches estrelladas ¿Qué piensas? ¿Acaso pides algún deseo? Yo siempre lo hago. Cierro mis ojos, dejo que mi mente se relaje y entonces cuando sé exactamente qué es lo que quiero, observo la luna y lo pido con todas mis fuerzas.

Generalmente mi corazón se acelera, siento el latido fuerte y constante mientras pienso en eso que tanto anhelo. No sabría decir si todo eso funciona, claro está, debido a que mi deseo muy pocas veces es para mí mismo.

En algunas oportunidades, mientras cuelgo las piernas por el borde de aquella sucia ventana de barrotes, considero el hecho de pedir libertad, de implorarle a las estrellas mi protección ante aquellos que me han hecho daño… pero, luego, mientras me relajo, sé que lo mejor es abogar por los que amo.

Los amo, y vienen a mi mente cada vez que considero que cosa sería lo mejor. No es que no piense en ellos todo el día, mis pequeños, mis dos hijos, los pienso durante todo el día. Los imagino corriendo de un lado a otro en la pequeña sala de estar de color Begoña, riendo, con esa risa estridente que tanto me gustaba oír. Aunque quizás hayan cambiado; lo más probable es que estén más altos, su cabello no sea del mismo color, incluso que las paredes de aquella sala ya no sean de aquel color.

Así, por no saber de ellos, solo pido que se encuentren bien. Imploro por que obtengan cada día sus tres comidas, que reciban todo el amor que yo no puedo darles, a través de su madre. La abandoné, la dejé en esta lucha sola, así que también pido por ella.

Pido, sobre todo que pueda perdonarme. No por mí, sino porque haya paz en su corazón, porque pueda simplemente ver en nuestros hijos la alegría de tenerlos consigo, y no que en ciertos momentos del día al observarlos me vea a mí y sienta odio. Obviamente no será hacia ellos, será hacia mí, pero preferiría ese sentimiento no esté en el pensamiento de aquella que una vez fue mi esposa. Ciertamente lo sigue siendo, aunque yo en su lugar lo negaría, diría que siempre había sido una madre soltera.

Aunque en el pueblo hablarían, es bien sabido todo lo que sucedió, es muy conocida nuestra vida. Hasta en los periódicos se habló de mí durante muchos días… pero eso ciertamente no me importaba. Hasta que entendí que mi familia podía sufrir por ello y fue entonces cuando mirando las estrellas imploré por ellos, por su protección.

No sé qué ha sucedido, no sé qué les ha pasado, y lo único que puedo hacer es pedir por ellos. Desde una sucia celda, con las manos llenas de lodo, y con el cabello enmarañado y la piel llena de suciedad se entierra un hombre que solo protegía a quien amaba, a su pequeña. Había llegado del trabajo más temprano aquella tarde, y al vislumbrar un acto que al recordarlo me genera nauseas, perdí el juicio y la razón. Mi pequeña hija de dos años, desnuda, en mi cama, me observaba lleno de ira, sin saber que era lo que pasaba, mientras yo en el piso, mataba a golpes a un adolescente que abusaba de mi pequeña.

Pero nadie me creyó. Me habían acusado de asesino, incluso de violador porque el degenerado estaba en el piso con su miembro al aire. La familia de aquel engendro que me llevó a prisión, y nunca más he sabido de ellos…

Así que solo imploro, solo pido por su bienestar, porque no me queda nada más.

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