Me fuí por los bosques
como el pájaro gris
que picotea a la luna.
Escribí la canción
sobre los mares
y sobre los peces
que en los mares de colores
vienen a hablarme de ti.
Me hundí en el lodo
hasta el cuello
y me azotó un ejército
de insectos
que me hablaron de ti,
me contaron que,
en la ventana de la luna,
seguías sentada
alumbrando las noches
de un país extraño.
Mi corazón se volvió
un país extraño y lejano
y la tierna luz de la tarde
se fue diluyendo
como el ruido de un tambor
que muere en las manos de un niño.
La lluvia tierna
sobre la flor dormida del jardín
fecundó la esperanza
y la tristeza ante mis ojos.
Yo era el niño feliz
porque otras manos
se posaron en tus manos
y otros besos se adueñaron
de tus besos
y la geografía toda
del mapa de tu cuerpo
fue conquistada.
Nació un país a mitad
de tus caderas,
libramos la guerra cruenta
de los ricos territorios
más allá de la frontera de tus nalgas.
Se apagó la luz del paraíso
que soñamos,
se fue quedando
el alma colgada de la luna, buscándote incesante
en la ventana de la luna
sentada más allá de los árboles,
en lo profundo del bosque
donde habita la noche.
✍️ 𝕲𝖗𝖆𝖈𝖎𝖆𝖘 𝖕𝖔𝖗 𝖛𝖎𝖘𝖎𝖙𝖆𝖗 𝖊𝖘𝖙𝖆 𝖕𝖚𝖇𝖑𝖎𝖈𝖆𝖈𝖎ó𝖓
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⭕ Edición del texto Ian Rodríguez, @restaurador
⭕ Imagen Pixabay
𝖀𝖓 𝖕𝖔𝖈𝖔 𝖉𝖊 𝖒𝖎
Soy escritor. He publicado: Convite de Cenizas (2002), Tras la piel (2004), En este lado de la muerte (2014), El orden natural de las cosas (2015), La Sangre del Marabú (2020), La Sexta Caballería de Kansas (2024) y La Nada Infinita (2024)