El oasis se est谩 cayendo a pedazos. La poes铆a salva. La feria y el circo, no. Por eso no voy a la feria del libro. Prefiero escribir esa literatura 铆ntima, ese descarnado bosque de almas que me habita, antes que asistir al gran teatro de las apariencias donde la cultura se disfraza de mercanc铆a y el verbo se trueca por moneda de cambio.
No es desd茅n lo que me aleja de las carpas multicolores y los stands de novedades ef铆meras. Es una suerte de pudor, de reconocimiento honesto de que en esta isla herida, donde cada d铆a nos despertamos con la certeza de que el suelo tiembla bajo nuestros pies, la fiesta literaria resulta un ox铆moron insoportable. 驴C贸mo celebrar cuando el pan escasea y la esperanza se agota en colas interminables?
La feria del libro se ha convertido en ese espejo que deforma nuestra realidad. All铆 desfilan los mismos rostros, los mismos discursos aprendidos, las mismas dedicatorias vac铆as, mientras afuera, en la calle, el pa铆s se desmorona como un castillo de naipes bajo el viento huracanado de la necesidad. Esa carnavalizaci贸n de la cultura me parece la m谩s cruel de las farsas, porque precisamente cuando m谩s necesitamos la palabra verdadera, la que sana y confronta, nos ofrecen el artificio de la celebraci贸n.
La literatura 铆ntima, que escribo cuando el silencio se vuelve c贸mplice, no busca aplausos ni firmas. Es un acto de supervivencia, un modo de nombrar el dolor para exorcizarlo, de atrapar en la red de las palabras esos fantasmas que nos habitan y que pocos ven. Mi escritura descarnada no entiende de ferias ni de mercadeo; es territorio vedado para el circo, para el gran show donde los escritores se convierten en malabaristas de su propia imagen.
Me pregunto si acaso los organizadores de este ritual festivo comprenden que la cultura no se decreta ni se exhibe, que es un organismo vivo que respira en la cotidianidad de las cocinas y las salas de espera, en las conversaciones a media voz y en las cartas que nunca se env铆an. La cultura verdadera, la que sacude y transforma, sucede en los m谩rgenes, lejos del bullicio de las presentaciones oficiales y los c贸cteles de rigor.
Cuba se deshace entre nuestras manos como un pa帽uelo de papel. Y sin embargo, en medio de esa desintegraci贸n, emerge una poes铆a que no necesita escenarios. Son los versos que se escriben en las paredes de los ba帽os p煤blicos, los haikus improvisados en las paradas, las historias que se cuentan en las colas del pan. Esa es la literatura que me interesa, la que brota de la sangre, y no busca lector sino c贸mplice.
No ir茅 a la feria. Prefiero quedarme est谩 vez, desgranando el rosario de las palabras que a煤n conservan su peso original. All铆, en ese espacio m铆nimo pero soberano, construyo un pa铆s alterno donde el lenguaje no ha sido prostituido por el marketing ni la necesidad. All铆 escribo sobre el amor que sobrevive al desamor de la historia, sobre la amistad que resiste a la di谩spora, la Cuba que no sale en los folletos tur铆sticos ni en discursos oficiales.
La poes铆a salva, s铆, pero no la de los cert谩menes ni la de las antolog铆as oficiales. Salva esa otra, la que se escribe con la tinta de las l谩grimas, la que no teme nombrar el miedo ni la desolaci贸n. Esa poes铆a no necesita ferias porque es en s铆 misma un acto de resistencia, un modo de decir "estamos aqu铆" cuando todo parece conspirar para que dejemos de existir.
El oasis se desmorona, lo s茅. Pero mientras quede una palabra por decir, un verso por escribir, un instante de sinceridad compartida, la literatura 铆ntima seguir谩 siendo ese refugio donde a煤n es posible reconstruirnos. La feria y el circo pasan; la palabra verdadera permanece.
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鈽橈笍 Imagen de mi propiedad tomada en El Wajay
Algunos de mis libros publicados son: Convite de Cenizas (2002), Tras la piel (2004), En este lado de la muerte (2014), El orden natural de las cosas (2015), La Sangre del Marab煤 (2020), La Sexta Caballer铆a de Kansas (2024) y La Nada Infinita (2024)