Tras la siesta, con energías renovadas y el optimismo recuperado fuimos al centro de Madrid a ver algunas procesiones, a mi hijo le encantan, aunque la religiosidad del evento no llega a comprenderlo muy bien. Digamos que para él, el Cristo es como un gigante de la comparsa de gigantes y cabezudos de Zaragoza, ya que lo llevan personas por dentro y por eso se mueve. Bueno con 3 añitos y medio es comprensible. Eso y que a las furgonetas de la policía las llama tocineras, le hizo gracia un día que las llame así...
Bueno pues ni hartos ni perezosos, nos plantamos en el centro de Madrid por donde debían de concurrir varias procesiones. Para nuestra sorpresa, un policía estaba informando de que debido a la previsión de lluvia y aire (para un maño aquello era una leve brisa) las habían suspendido salvo la del Palacio Real que lo desconocía. Así que enfilamos hacia el Palacio Real pasando por la iglesia de donde partía la procesión de los alabarderos. Hartos de tanto chasco, mi hijo esa noche vería a su Cristo. Aprovechamos que permitían la entrada a la iglesia, entramos hasta la cocina. Cofrades, alabarderos, planideras y como no el Cristo crucificado, logramos verlo y que mi hijo por fin no se llevará una nueva desilusión ese día, que habían sido ya muchas, pobrete.
Tras ver que la procesión no iba a salir de la iglesia fuimos a comprar algunos suvenirs para casa y al poco comenzó la lluvia intensa.
Nos refugiamos en un bar llamado: La Costanilla. Se encuentra en la misma calle Costanilla. En principio entramos para ir al baño y refugiarnos un poco de la lluvia, pedimos dos cervezas tostadas muy buenas y nos obsequiaron con dos tapas de salmorejo y una paellera de patatas fritas para el peque.
Nos trataron tan bien que nos quedamos a cenar de raciones. El sitio es muy pequeño y entrañable. Nos sacaron todo a la vez y en esta ocasión pedimos un vino de la Rioja para variar.
La cena fue la siguiente:
RACIÓN DE PAPAS BRAVAS.
TABLA DE QUESO MANCHEGO.
RACIÓN DE CALAMARES.
CROCRETAS DE COCIDO MADRILEÑO.
Estaba todo tremendo y nos obsequiaron con un postre genial para el peque y los no tan peques jajajajaja.
Su precio no fue muy barato pero fue una cena estupenda y nos lo pasamos genial. Como dirían los Pj Mask: ¡por la noche arreglamos el día! saludicos.