Solo quiero disfrutar el camino, no importa el resultado final de si funcionara o no. El pensar en el futuro, el resultado de lo que hacemos hace que nos olvidemos de la verdadera felicidad para lo cual hemos nacido. Trabajar y estudiar por muchos años no tiene sentido si llegamos a la meta con esa sensación de haber perdido el tiempo a pesar de tener lo que se quería, pues nos damos cuenta de que ya es muy tarde para disfrutar el momento. Estudiamos algo que nos aburre pero a lo lejos se ve que es una carrera con futuro, logramos el objetivo pero pasamos toda la vida reprochándonos nuestro destino. Al principio no encontraba qué hacer con mi vida, no tenía claro mi proyecto, pero poco a poco Dios fue aclarando mi mente hasta que un día me dijo:
-tu dedícate a dos cosas en la vida, aprende todos los idiomas que puedas y aprende a tocar todos los instrumentos que puedas.
Pensé que era una idea loca pues no le veía futuro, y las opiniones de los demás lo afirmaban. Aquí fue donde entendí que hay que disfrutar el camino, es una experiencia inolvidable, es divertido romperse la cabeza tratando de aprender nuevas palabras o disfrutar la melodía que sale de mis propias manos. Es algo que no le veo un futuro escrito pero no me preocupo si tengo un presente feliz.