Te veo acostado sobre mi almohada…
te ves tan angelical,
te ves tan inocente,
tan incapaz de herir.
¡Despiertas!
Tu mirada me da miedo,
sé que oculta,
sé lo que piensas.
Me observas…
Me siento sobre la cama,
tratando de ocultar mi desnudez,
que me hace sentir vulnerable.
Tu silencio a veces es mi mayor castigo,
el no saber lo que piensas,
es aterrador,
¡Tu mente es mi perdición!
Siento tus manos en mi espalda,
tiemblo sin poder ocultarlo…
Sonríes de esa manera sádica,
es una orden sin palabras.
Complacerte es mi meta,
ceder bajo tu cuerpo es mi delirio,
fingir que escapo es mi juego,
¡Y mi única recompensa es tu goce!