Así suele ocurrir, una mañana despiertas roto y eso es todo. Le pasó a Sonia, de 10 años, esa mañana notó una pequeña fisura en su mejilla. Al mediodía veía tele y se rascaba distraídamente. A las tres de la tarde el ardor era insoportable, salía pus blanco verdoso de la herida. Sonia comenzó a exprimirla, hurgó con sus dedos pero no era suficiente, agarró un cuchillo de la cocina. Sus padres al llegar a casa la encontraron muy sonriente. “¡Me curé!”, dijo Sonia, con trozos de piel colgando de su rostro.
Imagen tomada de Unsplash por Aimee Vogelsang.